Contra la división, mejor política, Pere Navarro

Contra la división, mejor política
PERE NAVARRO
EL MUNDO, 27.01.13

Uno de los cometidos que la ciudadanía encomienda a la clase política es que los responsables de regir las instituciones públicas pongan todo su empeño en dejar una sociedad mejor a las generaciones posteriores. Hoy existen más oportunidades que nunca para cumplir ese cometido, pero es evidente que la ciudadanía no percibe que los responsables políticos estemos actuando adecuadamente para construir ese futuro mejor.

Resulta fácil caer en tpicos al enumerar factores que han llevado a la desafección –perdón por el término tal vez pedante- de la ciudadanía hacia los políticos. Antes de insistir en el fenómeno me detengo en el concepto. En un momento en el cual existe una mayoría de ciudadanos con plena y clara conciencia política, no creo que se pueda acusar a la sociedad de poco interés en lo colectivo. Tal vez deberíamos calificar a los supuestos desafectos como insatisfechos. No se despreocupan de los asuntos públicos, todo lo contrario, hacen patente su descontento con la forma de afrontar la crisis que los dirigentes políticos en general hemos planteado. En cualquier caso, y por no profundizar en la semántica, lo que está claro es que la ciudadanía no nos reclama afecto, nos exige soluciones.

Precisamente por ello los socialistas catalanes exigimos al President de la Generalitat que cumpla el compromiso adquirido en campaña electoral y convoque una cumbre de partidos, agentes económicos y sociedad civil en la que trazar una hoja de ruta contra las gravísimas consecuencias de la crisis que centenares de miles de catalanes está sufriendo. La política podría recuperar así su vocación de servicio público, a menudo puesta en entredicho por la insistencia a centrar-se en debates más simbólicos que pragmáticos.

Mañana Cataluña no será independiente, ni tampoco será una Cataluña integrada en una España y una Europa federales como desea el PSC. Pero mañana muchos ciudadanos verán otro día más como el debate nacional no les aporta ninguna solución.

Pero además, dar prioridad a la lucha contra la crisis también habría frenado los riesgos de fractura social que las decisiones de Artur Mas conllevan. La sociedad catalana está hoy más dividida que nunca. Está dividida socialmente y, también, en el debate sobre la relación entre Cataluña y España. Está dividida porque el pensamiento único no se puede imponer; nadie se puede apropiar de la patria, del catalanismo, y pretender que el resto quede excluido por la única razón de no compartir un relato determinado. Esto se refleja en los partidos más transversales; pasa en Convergencia i Unió, donde el poder ejerce de bálsamo para las discrepancias, y pasa en el PSC, que representa una pluralidad en que, por supuesto, emerge el debate.

Contra la división, más y mejor política. La primera, y relevante medida que el PSC plantea es la reforma de la Constitucin. Una reforma que permita regenerar la democrácia, que establezca los mecanismos de participación que la ciudadanía demanda y, también, que establezca un modelo federal, que contribuirá de manera fundamental a la modernización del estado.

Acercar la política a los ciudadanos supone recuperar su incidencia en la vida diaria. Y eso vale para todos los debates. Los socialistas queremos una consulta legal y acordada porque un proceso sin garantías jurídicas, llegado el momento de la verdad, daría a los ciudadanos la sensación de que la política, una vez más, no da una respuesta seria y adecuada a sus demandas. No nos lo podemos permitir. Y seria irrespetuoso con la voluntad popular, que al fin y al cabo es la que tiene la última palabra sobre nuestra función como servidores públicos.

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