Así no podemos seguir, José Antonio Zarzalejos, La Vanguardia, 19.05.13

ASÍ NO PODEMOS SEGUIR
José Antonio Zarzalejos
La Vanguardia, 19.05.13

Los acuerdos sociales y políticos tienen en España un carácter de enorme excepcionalidad. La conciencia colectiva rememora en esta tesitura los alcanzados en octubre de 1977, denominados Pactos de la Moncloa, que sirvieron para acometer el periodo constituyente y para salir de una crisis en la que la inflación causaba estragos. Los que recuerdan la intervención de Enrique Fuentes Quintana en TVE -junio de 1977- explicando a la opinión pública las características de aquella recesión subrayan cómo el entonces vicepresidente para Asuntos Económicos sostuvo que los “problemas económicos tienen soluciones políticas”.

Hoy son necesarios acuerdos de la dimensión de los alcanzados entonces -incluso más profundos- y no sólo sobre aspectos económicos y sociales sino también institucionales y constitucionales. Porque así no podemos seguir. El deterioro ambiental y efectivo de la gobernanza del Estado y de determinadas comunidades, entre ellas Catalunya, requiere dosis masivas de sensatez y sentido de la proporción. Con un país inmerso en una ya larga recesión con horizonte aún lejano de superación en el que se inserta el fatídico porcentaje del 27% de desempleo, deben establecerse prioridades y ejecutarlas. Y entre ellas, la principal es la adecuación de las políticas a los requerimientos de la realidad, en línea con el preacuerdo del pasado miércoles entre el Govern, la patronal y los sindicatos para confeccionar el tercer pacto social estratégico.

La perversión del modelo constitucional por excitación exacerbada de una estúpida espiral de emulación territorial ha frustrado a Catalunya hasta el punto de transformar muchas energías autonomistas en secesionistas, aunque no sean tan mayoritarias como para aseverar que los catalanes desean la secesión, pero sí una nueva relación con el Estado. Por otra parte, el plante de muchos barones autonómicos del PP ante la pretensión gubernamental de aflojar las exigencias del objetivo del déficit a la Generalitat (y a la Comunidad Valenciana, a Murcia y a Baleares), ha expresado con desoladora desnudez el distanciamiento emocional entre el Principado y el resto de España, al tiempo que ha subrayado la deficiente gestión del Ejecutivo de Rajoy en la cuestión catalana que pretende abordarse cuando ha avanzado desordenadamente y sin cortafuego político alguno.

La esquizofrenia del Govern impulsando la creación de las denominadas estructuras de Estado, por una parte, y, por otra, negociando a calzón quitado con Madrid asuntos de régimen ordinario, desquician cualquier análisis que pretenda discurrir por argumentaciones coherentes. Así lo manifiestan periodistas alemanes y británicos invitados recientemente por el Gobierno español y que no logran comprender cómo en las circunstancias en las que nos encontramos nos permitimos la banalidad de zarandear el modelo territorial del Estado.

La apuesta soberanista de CiU y ERC, además, se está demostrando insuficiente desde muchos puntos de vista. Así, desde el cualitativo porque carece del apoyo del sistema financiero catalán y de la gran empresa radicada en Barcelona, además de suscitar la renuencia de amplios sectores sociales que contemplan el panorama reclamando una moratoria en la estrategia de la tensión que el president Mas alimenta con una insistencia digna, en las actuales circunstancias, de mejor causa, como sería la paliativa de la crisis y del paro que en Catalunya concierne a casi a un millón de sus residentes.

Si Mas no se mueve, tampoco lo está haciendo Rajoy. El problema no es de cordialidad o adustez en sus encuentros, sino de incapacidad pactista para detener las derivas que provocan sus recíprocas debilidades. El inquilino de la Moncloa ha perdido la mayoría social y conserva enlatada la parlamentaria y no cree en los pactos como se observó el jueves en Moncloa; y al president de la Generalitat se le deshilachan sus complicidades, sea con ERC, sea con la ANC e, incluso, con UDC y con parte de su propio partido. El jefe del Gobierno sabe, pero no los quiere, que no hay salida de la crisis sin amplios acuerdos y el del Govern no ignora que la autoinmolación ofrece épica pero es muy poco realista en estos tiempos en los que la amnesia liquida de la historia hasta a los más esforzados patriotas como bien se demostró en Euskadi, en donde el exlehendakari Ibarretxe ha pasado de categoría a anécdota.

Si no se detiene esta deriva con solidaridad y renuncias recíprocas, vamos derechamente al empobrecimiento y a la radical y ya avanzada increencia de los ciudadanos en las capacidades gestoras de la política y los políticos. Rajoy y Mas lo saben. Pero parecen perplejos e impotentes.

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