Burka, buenismo y estigmatización, Rafael Jorba, La Vanguardia, 8.06.13

Burka, buenismo y estigmatización

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 8.06.13

Ni un hashtag lanzado desde las redes sociales ni los 140 caracteres de un tuit pueden resumir la complejidad de un debate. En este artículo -poco más de 5.000 caracteres- abordaré la polémica que rodeó la prohibición de velo integral en Francia (ley de 11 octubre del 2010), y que ha traspasado los Pirineos… Intentaré hacerlo desde la asunción de las reglas de la laicidad, pero sabiendo distinguir aquello que no es negociable -el código de derechos y deberes, la dignidad de la persona, la salvaguarda del orden público…- de las actitudes buenistas y las derivas estigmatizadoras. El buenismo puede ser criticable, pero la estigmatización del otro es el caldo de cultivo que alimenta el discurso del odio (hate speech), sobre todo en los ciclos de crisis económica, y del que se nutren los populismos.

La aproximación será jurídica, basada en el informe elaborado por el Consejo de Estado francés -Estudio relativo a las posibilidades jurídicas de una prohibición del uso del velo integral (25/III/2010)- a petición del entonces primer ministro François Fillon. Pero antes, un par de precisiones. Primera: al igual que sucedió en su día con el velo islámico, se plantea una cuestión de terminología (se habla del burka cuando en realidad el debate se refiere al niqab). Segunda: los datos sobre el número de mujeres portadoras del niqab acotan el ámbito del debate: el Ministerio del Interior francés revisó al alza en otoño del 2009 su estimación inicial (367 casos) y la elevó a 1.900; una comisión parlamentaria dio la cifra final de 2.000 (un 0,03% de los seis millones de franceses de confesión musulmana).

En síntesis, el Consejo de Estado estima que una prohibición del velo integral sería de una enorme “fragilidad jurídica” y aboga por reforzar el arsenal jurídico existente: la regla según la cual se puede efectuar la identificación de una persona, ya sea para salvaguardar el orden público, acceder a locales públicos o hacer determinadas gestiones de la vida cotidiana. El informe argumenta que la prohibición del velo integral no puede basarse en la laicidad: “El principio de laicidad se declina en tres principios: la neutralidad del Estado, la libertad religiosa y el respeto del pluralismo”. La laicidad se impone a las instituciones públicas, lo que justifica la obligación de neutralidad de sus representantes, pero “sólo puede imponerse directamente a la sociedad o los individuos en función de las exigencias propias de determinados servicios públicos”.

El informe analiza la prohibición total del velo integral a partir de los principios de la dignidad de la persona y del respeto de la libertad individual, con dos concepciones que se limitan mutuamente: la de una moral colectiva de salvaguarda de la dignidad humana y la de la protección del libre albedrío. “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha hecho ampliamente suya esta segunda acepción protegiendo, sobre la base del derecho al respeto de la vida privada, un principio de autonomía personal por el que cada cual puede vivir según sus convicciones y opciones personales, e incluso poniéndose física o moralmente en peligro, siempre que esta actitud no atente contra otra persona”. Para abonar esta interpretación, cita la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano: “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no dañe al prójimo”.

En el plano de la igualdad, el Consejo de Estado concluye que una prohibición legal no puede aplicarse a las mujeres “que han escogido libremente llevar el velo integral”, pero sí en el caso de las menores de edad o de aquellas mujeres que se vean obligadas a llevarlo (según datos del Ministerio del Interior francés, la mayoría de las que llevan el velo integral son francesas, una cuarta parte de ellas convertidas al islam, y dicen llevarlo por voluntad propia). Una ley que prohibiese cubrir el rostro sólo podría basarse en razones de orden público y de identificación de personas, con una lista de excepciones que el informe detalla: salud pública (máscaras), seguridad (cascos de moto, pasamontañas), la perennidad de las manifestaciones culturales (carnavales) o el respeto de los lugares de culto y las tradiciones (sería el caso de los encapuchados de las procesiones de Semana Santa).

La conclusión del Consejo de Estado francés es de enorme calado político: una prohibición genérica del velo integral “podría despertar dificultades de interpretación en las personas de confesión musulmana, en nuestro país (riesgo de estigmatización) y aún más en el extranjero, y podría tener la consecuencia paradójica de amplificar el fenómeno o de exacerbar determinadas tensiones”.

Porque es verdad, como ha escrito Malek Chebel, que el islam no ha conocido aún su revolución de las luces, que debe reformarse, pero no podrá hacerlo si focalizamos el debate en unas prácticas muy minoritarias que oscurecen aún más su rostro… Sé que me he metido en un berenjenal, que me dirán que nunca me he enfundado un burka para sentir el agobio que produce en una mujer esa prisión de tela. Tampoco he estado en el corredor de la muerte ni he vivido bajo un régimen de apartheid, y no por ello he dejado de condenar la pena capital o la segregación racial. Sólo he querido apuntar la complejidad de este debate y hacerlo desde un axioma: la fortaleza de un hombre -y de una mujer- no se mide por la fuerza con la que impone sus convicciones, sino por la firmeza con la que se mantiene en sus dudas.

Advertisements