El harakiri de CiU, Fernando Ónega, La Vanguardia, 8.06.13

El harakiri de CiU

FERNANDO ÓNEGA
LA VANGUARDIA, 8.06.13

Si la intención de voto de Catalunya va como dicen que va, tardará más o menos, pero el sonido de las calles y de las instituciones será este: “Adéu, Espanya”. Lo estoy oyendo desde hace mucho tiempo y la opinión más selecta de Madrid no se conmueve. Todavía queda mucha gente que entiende que esto se resuelve con dinero e inversiones, como tantas veces en la transición. Ojalá sea verdad. Desde mi sensibilidad hacia Catalunya, creo que fue posible en otro tiempo. Hoy, todo es más profundo. El discurso soberanista ha calado en la sociedad, ha reemplazado al nacionalismo posibilista de Pujol, y las fuerzas políticas de matriz española sufren un continuo castigo del electorado. Para ver eso no hacen falta grandes encuestas; basta con pegar el oído a la calle.

No se trata aquí de ponerse a examinar por qué se ha llegado al borde del abismo. Se trata de examinar si hay algún camino de retorno. Y no parece fácil. Leo con interés las declaraciones de Artur Mas y, como anoté en alguna ocasión, destilan rencor hacia España. Ayer se publicó el índice de temas del simposio del tercer centenario de 1714, y las expresiones son un puro agravio, por no decir una pura ofensa: España contra Catalunya, imposición castellana, represión española, expolio económico… Que me perdone el president, pero ese lenguaje trae la nostalgia de las asambleas de facultad de los años sesenta y setenta. Si se hubiera dicho en el franquismo, los soberanistas serían símbolo de lucha valiente por las libertades. Dicho hoy, es, cuando menos, una desmesurada exageración.

Todo eso lo encabeza el señor Mas. Me parecería muy bien, porque es su derecho, si no fuese por una circunstancia: está hundiendo con insólita rapidez la fuerza política que lidera. Le está provocando sufrir una sangría de votos que ya estuvo a punto de echarlo del poder en las últimas elecciones autonómicas y ahora anuncia un destino de pobre representación. Ha convertido a Esquerra en partido de gobierno. Como tanto se dice con frase ya tópica, le está haciendo el histórico regalo de la centralidad política. Y a su coalición, CiU, la está llevando al altar de los sacrificios para hacerse un harakiri público ante el pueblo catalán y ante la historia. No es fácil recordar un proceso tan rápido y eficaz de autodestrucción de una fuerza política.

El PSC, el otrora poderosísimo PSC, se está quedando sin clientela a base de confundir a su electorado. El Partido Popular sufre el impacto de todos los desatinos del Gobierno de Madrid. Empatar con Ciutadans es la gran humillación de este tiempo. Y me preocupa la estrategia de Rajoy. Quizá sea muy inteligente, no lo sé. Pero, que sepamos, se ha quedado en sus célebres referencias a cumplir y hacer cumplir la ley. Si hay diálogo, es tan secreto que resulta invisible. Si hay ideas para este momento crucial, están en los sótanos.

Y mientras se actúa con esa proverbial calma que distingue a la Moncloa, el derecho a decidir no hay quien lo pare, por muy anticonstitucional que sea. Y lo más dramático: Catalunya y España pueden estar a punto de cometer un histórico error; el mayor error de su historia común.

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