¿Y quieren ir a Europa?, Pere Navarro, La Vanguardia, 7.08.13

¿Y quieren ir a Europa?

PERE NAVARRO
LA VANGUARDIA, 7.08.13

El Govern de la Generalitat de Catalunya ha decidido, ¡a estas alturas del año!, que no elabora presupuestos para el año 2013 porque no está de acuerdo con el techo de déficit (1,58% del PIB) que le ha sido fijado por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Al mismo tiempo, también muestra su rechazo al techo de déficit fijado para el año 2014 (1% del PIB) por lo que, si continúa en la misma lógica, tampoco debería presentar presupuestos para 2014.

Hay que decir, antes que nada, que las cifras establecidas para el déficit son altamente discutibles tanto en su montante como en su reparto. Al igual que es altamente discutible la política de sacralización del déficit público y de estabilidad presupuestaria a la que algunos (entre ellos CiU, que votó a favor de ello en el Congreso de los Diputados) nos están abocando cuando ya se ha visto que esas políticas son un fracaso para la reactivación económica.

Sin embargo, las cifras de déficit, nos gusten o no, han sido establecidas siguiendo las reglas de juego válidas (que se pueden cambiar, pero que aún son las que rigen) y no se vale jugar a los juegos mientras las reglas nos van bien, y darle una patada a la mesa y destrozar el tablero de juego cuando no nos van bien.

Es de extrema gravedad que un gobierno que se precie de sí mismo renuncie a elaborar unos presupuestos porque no está de acuerdo con el marco económico en el que debe hacerlos y continúe como si nada. Y no tiene precedentes.

Para entendernos. Muchos en Europa creen que la política de la Comisión de reducción del déficit es un error que tiene nefastas consecuencias para la economía. Y seguro que entre esos muchos se cuentan varios gobiernos de países miembros de la Unión Europea. Muy probablemente también el Gobierno español, al que le gustaría que fuese superior el propio objetivo de déficit público que la Comisión Europea le fija a España.

Pero nadie se puede imaginar al Gobierno español, al francés, al italiano, al griego, al portugués, etc. (probablemente no al alemán, puesto que es quien inspira esos objetivos de déficit) renunciando a gobernar, que es lo que significa no elaborar presupuestos, porque está en desacuerdo con el objetivo de déficit. Lo que todos ellos hacen es, por un lado, discutir ese objetivo, negociar alternativas en tiempo o en fórmulas de cumplimiento, etc. Y, por otro lado, mientras esto no sucede, si es que llega a suceder, aplicar las reglas de juego aún a riesgo de la impopularidad que eso puede representar (que se lo pregunten, si no, a diversos políticos griegos o portugueses). Y si no se ven capaces, disuelven el parlamento y convocan elecciones para que sean los ciudadanos los que resuelvan el impasse.

Pues bien, en Catalunya parece que es válido renunciar a las responsabilidades que conlleva gobernar aduciendo que tomar esas medidas sería extremadamente impopular y que no estamos de acuerdo con las reglas de juego que nos fijan y que la culpa es siempre de un externo (en este caso el Gobierno de España) que lo único que quiere es fastidiarnos.

Y lo sorprendente del caso es que eso lo practican aquellos que se pasan el día diciendo que quieren ser parte de Europa; es decir, que quieren separarse de España y ser el 28º miembro de la UE y van por las cancillerías europeas buscando complicidades para ello.

Pero ¿qué complicidad creen que pueden conseguir entre los gobernantes europeos que están aplicando medidas impopulares y asumiendo los riesgos de las mismas cuando ven que el Govern de la Generalitat se desentiende de sus obligaciones mientras ellos cumplen con las reglas de juego marcadas, estén de acuerdo, o no?

¿De verdad creen que alguien quiere admitir como nuevo socio de un club a un miembro que, en cuanto las cosas se ponen feas en su actual club, intenta abandonarlo dando la impresión de ser insolidario con sus actuales compañeros?

Porque lo primero que pesarán estos gobiernos es que esos que hoy no quieren aceptar las reglas de juego de su club porque les pueden provocar impopularidad, mañana les harán lo mismo a ellos.

Y lo que algunos ciudadanos se pueden preguntar a la vista de esta actitud de intentar rehuir las responsabilidades de gobernar y establecer acuerdos es: ¿cómo se sostiene decir que nuestro objetivo es pertenecer a un club en el que nos tendremos que poner de acuerdo con los letones, eslovacos, croatas, etc. cuando no somos capaces de ponernos de acuerdo con aragoneses, valencianos o baleares que están mucho más próximos a nosotros y donde, incluso, se habla el mismo idioma?

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