Reto para la política, editorial de La Vanguardia, 12.09.13

Reto para la política

EDITORIAL
LA VANGUARDIA, 12.09.13

Desde El Pertús hasta Alcanar, de norte a sur de Catalunya, centenares de miles de ciudadanos celebraron ayer la Diada uniéndose en la gigantesca cadena humana convocada para reivindicar el llamado derecho a decidir. Como ya se esperaba y también sucedió con la multitudinaria manifestación del Onze de Setembre del 2012, las expectativas de éxito de la Via Catalana, convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y apoyada por las fuerzas políticas soberanistas e independentistas, entre las cuales CDC, ERC y la CUP -así como dirigentes de otras formaciones que también se sumaron, a título personal-, se vieron ampliamente desbordadas: 1,6 millones de personas, según datos del Govern.

En muchos tramos, la Via fueron dos y tres vías por la aglomeración de participantes que se dieron las manos en el momento convenido, las 17 horas y 14 minutos de la tarde -en alusión al 11 de septiembre de 1714-. Fue una acción ciudadana ejemplar por su carácter masivo, su extensión territorial -más de 400 kilómetros de recorrido- y la complejidad organizativa que entrañaba, en un esfuerzo que implicó a más de 30.000 voluntarios. Pero, sobre todo, por la normalidad en que se llevó a cabo, lo que reforzó el carácter cívico y democrático de la reivindicación ante los ojos del mundo, como pretendían la ANC, el Govern -aunque el president, Artur Mas, no participó en la cadena por su papel institucional- y las fuerzas soberanistas.

Cuando ya ha empezado la cuenta atrás para la emblemática Diada del tricentenario, Catalunya en su conjunto volvió a evidenciar su nivel como sociedad en un clima de respeto por todas las opciones democráticas. Entre ellas, las de los partidos que comparten la reclamación de una consulta pero se oponen a la independencia y que por ello no secundaron la convocatoria -UDC, PSC e ICV- y la de los que rechazan frontalmente una y otra cosa, como el PP y C’s. Estos últimos celebraron actos políticos propios a favor de la unidad de España y los populares expresaron, además, su rechazo al tono soberanista de la Diada negándose a participar por vez primera en los actos institucionales.

Ni todos los catalanes se sumaron a la convocatoria ni todos los que sí lo hicieron tienen seguramente las mismas ideas sobre el futuro de la relación entre Catalunya y España. Pero es indiscutible que la Via Catalana evidencia una vez más la solidez del sentimiento ampliamente mayoritario entre las fuerzas políticas y la sociedad civil sobre la necesidad de hallar una salida a un malestar que no sólo no remite sino que aumenta día tras día. En ese malestar convergen, desde luego, muchas variables, entre ellas, la fatiga ciudadana por la crisis económica y sus duras consecuencias en términos sociales y de oportunidades de futuro. Pero a nadie se le escapa que el hilo conductor de las movilizaciones multitudinarias de carácter soberanista o abiertamente independentista que se vienen desarrollando en Catalunya desde el 2010, a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional que laminó el Estatut del 2006 después de haber sido escrupulosamente validado por el Parlament, las Cortes y el mismo pueblo catalán en el preceptivo referéndum, es la sensación de trato injusto a Catalunya, cuando no abiertamente hostil, por parte del Estado, el Gobierno y sus instituciones. Una sensación compartida por una amplia mayoría de ciudadanos de Catalunya, que en las elecciones convocadas tras la Diada del 2012 configuraron un Parlament con amplia mayoría de las fuerzas que apuestan, aunque con significativos matices, por el derecho a decidir y la celebración de una consulta.

En suma, ese sentimiento, que ha alimentado una respuesta cívica y política serena pero muy firme, es el que está ganando la calle y las voluntades en Catalunya cada día con más intensidad. Por ello, sería de todo punto irresponsable negar la evidencia o mirar hacia otro lado ante el alcance político y social de ese malestar. Esa actitud no sería conveniente para nadie, tampoco para España, en unos momentos en que se empiezan a entrever las salidas al túnel de la crisis. La llamada Via Catalana lanzó ayer un inequívoco mensaje al mundo: una mayoría de los catalanes está pidiendo un cauce democrático para expresarse libre y pacíficamente sobre su futuro político. Con determinación, pero con seny: a la manera catalana.

Ese es el reto que plantea el repetido récord de movilización soberanista en la Diada. Ahora es el turno de la política. Los representantes de la voluntad popular, encabezados por los presidentes Rajoy y Mas, deben buscar vías para dar respuesta a ese reto mediante el diálogo con altura de miras. Vías que deberán aunar el respeto a las leyes y al principio democrático.

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