Tontos útiles, José Antonio Zarzalejos, La Vanguardia, 6.10.13

Tontos útiles
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
LA VANGUARDIA, 6.10.13

Esperanza Aguirre nos ilustra desde ABC (30/IX/2013) sobre el origen de la expresión “tonto útil”. Según la expresidenta madrileña, se denominaba así a “aquellos ciudadanos occidentales, sobre todo intelectuales, que, por buena voluntad o por ignorancia, defendían o justificaban las tropelías que perpetraban en la URSS o en los países que sojuzgaban”. Y, tras la explicación paliativa, la descalificación política: “Pues bien, ahora hay que reconocer que, efectivamente, los socialistas catalanes de hoy se han convertido en los mejores tontos útiles del nacionalismo”. Tesis esta de la lideresa popular de la que podría participar un histórico socialista como Joaquín Leguina que en el diario El País del mismo día sostenía lo siguiente: “Mucho más razonable sería olvidarse de las cuitas del PSC, dentro y fuera de Catalunya, para colocar ante los partidos separatistas el letrero que Dante imaginó en la entrada del Averno: fuera de la ley, perded toda esperanza”.

El que en la cuestión catalana esté libre de responsabilidad por acción u omisión que levante la mano. Como nadie podría hacerlo, importa mucho más el futuro que el pasado. Y mirando al futuro los “tontos útiles” hacen honor a su utilidad porque suelen amortiguar las hostilidades y evitar -al menos lo intentan- que la política se convierta en un campo de Agramante. Es difícil no suscribir en lo esencial la tesis de Ramón Jáuregui en La Vanguardia del pasado lunes. Propone algo tan sensato como reformar la Constitución, actualizarla en lo que se ha quedado añosa y afrontar en ella, de nuevo y mejor, la singularidad de Catalunya. Es una opción aunque no sea la de los independentistas, ni la de un sector importante de la derecha (Rajoy no está por la labor pese al consenso académico e intelectual) y parece la menos traumática y la más sensata si se embridan los sentimientos y se aterrizan en un cierto pragmatismo. Aunque el PSC ha cometido muchos errores y aún falta nitidez a sus planteamientos, su posición actual – tan incómoda- podría ser muy útil si los acontecimientos derivan hacia una rectificación. Proponer una España federal o la federalización autonómica está en razón y dispone de sentido político e histórico.

La Constitución -no votada por más del 60% de los españoles, aquellos que tienen ahora menos de 53 años- necesita urgentemente una reforma. No sé si el catedrático Santiago Muñoz Machado (autor de Informe sobre España) es o no un tonto útil pero el pasado 5 de enero (diario El Mundo) demandaba una “reforma profunda y sin dramatismos del Título VIII” y estimaba que “no modificar la Constitución sería una actitud suicida” y concluía que su desarrollo autonómico fue un “proceso imitativo” del catalán. Otro tonto útil sería Miguel Herrero de Miñón, que habría diseñado “un Estado autonómico asimétrico y se quiera o no, nos encaminamos a ello”, asumiendo que “fue un error no pactar con Pujol el reconocimiento de la singularidad de Catalunya” (El Mundo, 9/VI/2013)de junio de 2013). Un tonto útil Josep Piqué acaba de publicar Cambio de Era y si se leen las páginas 200 y siguientes del ensayo se verá que sintoniza con los planteamientos más reformistas. Sin olvidar a Rubio Llorente que estuvo en Barcelona el jueves con tesis prácticas e igualmente sensatas. Basten estas citas de personalidades que no militan en el PSC ni en el PSOE para demostrar que Aguirre encontrará, a poco que se esfuerce, muchos tontos útiles.

Es cierto que los socialistas catalanes amasan internamente un debate sobre su identidad catalanista, los límites de ese sentimiento de pertenencia y cómo ha de traducirse en términos de izquierda ideológica. Es cierto también que están divididos. Y es cierto que la estrategia de Pere Navarro es a veces voluntarista y a veces contradictoria, aunque no deba ser la andaluza Susana Díaz quien se lo deba reprochar en público. Pero él ha declarado que la independencia de Catalunya no está en el acervo del PSC. Y semejante afirmación de principios debiera ser bastante para evitar la descalificación de un actor sobre un escenario que no es amigable a las terceras vías, a las soluciones ponderadas, a las que propugnan cambiar sin quiebras. Acaso el PSC esté purgando responsabilidades de especial entidad como la de haber puesto en marcha el Estatut del 2006 y liderado dos tripartitos con resultados muy negativos. Las urnas ya le han cobrado la factura y ahora intenta un reposicionamiento que debiera ser respetado porque siendo reformista elude la ruptura. Estamos ante una cuestión estadista. Comportarse ahora con la rutina del sectarismo habitual no lo merece ni Catalunya ni el conjunto de España.

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