Los viajes de Alicia, Màrius Carol, La Vanguardia, 9.10.13

Los viajes de Alicia

MÀRIUS CAROL
LA VANGUARDIA, 9.10.13

Francesc Cambó publicó en 1917 un libro, El pesimismo español, en el que reflexionaba sobre la política española y la cuestión nacional que, leído en nuestros días, alumbra en la mitad del túnel en el que parece encontrarse esta relación. El líder catalanista reflexionaba sobre lo que eran los principales problemas políticos de España y la naturaleza de la cuestión catalana. Borja de Riquer le dedica espacio en Alfonso XIII y Cambó (RBA). El historiador resalta que la novedad del ensayo es que hace un diagnóstico psicológico de las actitudes de los españoles, más allá de consideraciones económicas, culturas o políticas.

A la vista de la respuesta que ha tenido la iniciativa de Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PPC, para que Catalunya obtenga una financiación singular, poniendo límites a la solidaridad y respetando la ordinalidad, hay que pensar que Cambó no estaba desencaminado en sus razonamientos. En un momento en que las encuestas demuestran que el soberanismo empieza a ser mayoritario, que una iniciativa reformista, moderada e inclusiva, surgida del propio partido en el Gobierno, sea linchada en el primer minuto por otros barones, no se entiende. Y extraña, cuando el PPC necesita recuperar visibilidad, Camacho requiere ganar protagonismo y el Gobierno de España ha de encontrar un airbag ante el choque que se avecina.

Para Cambó, los españoles en general, y sus partidos en particular, tenían poca fe en sus propias fuerzas, en sus posibilidades, y por ello se mantenían en la inactividad y en el escepticismo. Y era precisamente esta pasividad política lo que hacía que reaccionasen con desconfianza y suspicacia ante toda propuesta nueva y transformadora. El político de la Lliga escribió que lo típicamente español era la crítica, la inacción y el retraimiento.

Lo distinto de la actual situación es que el catalanismo ha lanzado la toalla en su voluntad de regenerar España. Cambó pretendía despertar las conciencias españolas para poder coincidir en proyectos comunes de renovación del país. Después de la desactivación del Estatuto del 2006 por el Tribunal Constitucional, se ha ido acrecentando el distanciamiento entre la realidad catalana y española, que culmina en la incapacidad del partido en el Gobierno de estudiar siquiera una propuesta proveniente de su propia organización, que seguramente queda a años luz de aquello a lo que aspira una mayoría de catalanes.

Ignacio González (Madrid), Alberto Fabra (Valencia), Luisa Fernanda Rudi (Aragón) y José Antonio Monago (Extremadura) han sido los primeros en poner el grito en el cielo. Les es más rentable políticamente hacer anticatalanismo que aceptar una propuesta de financiación que mejore la situación catalana. La sensación es que se llenan la boca con la palabra España pero, en realidad, les importa un colín. Como hace cien años.

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