El PSC como síntoma, Fernando Ónega, La Vanguardia, 2.11.13

El PSC como síntoma

FERNANDO ÓNEGA
LA VANGUARDIA, 2.11.13

Qué duro es estar en la oposición! Es tener ideas y ver cómo se pierden en la hojarasca. Es ofrecer pactos y que se entiendan como deseo de salir en la foto. Es redactar cientos de enmiendas a las leyes y padecer su rechazo si el gobernante tiene mayoría absoluta. Es exponer proyectos alternativos y comprobar cómo duran unos minutos en los medios y después se desvanecen. Es incluso prometer la derogación de una ley impopular y tropezar con la incredulidad social, porque nadie sabe cuándo llegará esa oportunidad. Y es estar sometido a tensiones internas, peleas de liderazgo, críticas a la dirección que sólo desaparecen en cuanto se llega al poder.

Todo eso, y más, lo está sufriendo el Partido Socialista y lo sufrió esta semana con un agravante: sus problemas de comunicación. No es que Rubalcaba y su equipo comuniquen mal, que son unos maestros; es que tropiezan con un muro mediático difícil de traspasar. Se ha visto en un par de episodios regionales. En Tafalla y Portugalete el PSOE se negó a respaldar la declaración de dos etarras excarcelados como personas no gratas. Tenían una razón de peso: una vez cumplida condena, esos ciudadanos tienen todos sus derechos civiles y ninguna institución se los puede limitar. Es polémico, pero defendible. Sin embargo, la ortodoxia informativa dominante lo presentó como una alineación del PSOE con Bildu.

Segundo episodio: la relación con el PSC. Basta una mínima discordancia para que la Brunete mediática, que decía Arzalluz, salte pidiendo la ruptura. Como esta semana el PSC se abstuvo en una moción-trampa de Rosa Díez, discurso para qué te quiero: tromba de empujones para echar al PSC de la alianza socialista; autos de fe en forma de artículos contra el hereje más nacionalista que socialista; vieja guardia del PSOE, con Guerra al frente, que reacciona como si Navarro fuese un peligro para la unidad de la patria… Y todo, en nombre del discurso único que, según la pureza ideológica del PP, debe decirse en toda España.No hace falta decir lo obvio: que la ruptura PSOE-PSC daría lugar a dos partidos, brillante trofeo; que la marca PSOE en Catalunya podría alcanzar hoy el 2 por 100 de los votos, glorioso resultado; que tener ese porcentaje es la mejor garantía para no alcanzar jamás el gobierno de España, impresionante servicio al partido; que sería la pérdida del más importante referente político español en Catalunya, valiente patriotismo; y que el PSC será lo que sea, pero no es independentista. Su único pecado es apoyar la consulta con la condición de que sea legal. Y votaría no a la independencia. ¿Es tan grave?

Lo grave es la cerrazón que impide ver la singularidad de un partido que representa la sensibilidad de sus afiliados y votantes. Lo grave es entender la acción política como pura obediencia al nuevo centralismo, que es el ideológico. Lo grave es pensar que eso de la España plural es algo para decir en discursos, pero para boicotearlo en la práctica. Y lo grave es que las exigencias que se le plantean al PSC son probablemente las mismas que se quieren para Catalunya. Desalentador.

Sobre espías

Previsible informe a la Comisión de Secretos Oficiales: el CNI no ha pasado 60 millones de escuchas telefónicas a la NSA. Como mucho, 60 millones de metadatos, y cada conversación puede tener 400 metadatos. Tampoco pasó grabaciones de españoles, sino efectuadas fuera del territorio nacional. La colaboración con los servicios secretos americanos es fluida, y España la necesita, por ejemplo, en el espacio SAGEL que el CNI no puede cubrir solo y donde se ha localizado a secuestrados. Lo más grave del espionaje descubierto es que Estados Unidos no ha sido capaz de custodiar los datos. Y yo pregunto, como cada vez que Sanz Roldán acude al Congreso: si éste fuese el contenido de su información, ¿por qué no se hace a puerta abierta, para conocimiento de toda la sociedad?

Preocupación

Todos los grandes empresarios catalanes que he consultado aseguran haber transmitido a Artur Mas su inquietud o alarma por la posible independencia y sus efectos en la economía. Lo que ocurre es que no lo han comunicado a la opinión. ¿Por qué? Por discreción catalana, me dice uno. Porque no hago manifestaciones públicas, añade otro. Porque sólo me debo a mis accionistas, sentencia el tercero. Y todos coinciden en esto: Mas y Junqueras están desbordados por la calle; el independentismo está por todas partes, y no se acalla ni con dinero ni con apelaciones a la Constitución.

Advertisements