La vía europea, Rafael Jorba, La Vanguardia, 9.11.13

La vía europea

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 9.11.13

Dice una norma no escrita que los periodistas firmamos artículos; no manifiestos. Desde la transición política hasta hoy he roto esta regla en dos ocasiones. Una, en vísperas del referéndum sobre la Constitución europea del 20 de febrero del 2005. (Otra, en otoño del 2012, en defensa de un modelo federal para España, pero eso es harina de otro costal). Suscribí un manifiesto europeísta impulsado por el catalanismo transversal que entendía la europeidad como una de sus señas de identidad. Argumentábamos que aquella Constitución era el cemento político que necesitaba la Europa ampliada para no convertirse sólo en un espacio de libre mercado… Además, el 60.º aniversario de la liberación de Auschwitz nos recordaba que la primera mitad del siglo XX había sido una historia de destrucción europea frente a la historia exitosa de la construcción europea que se inicia en la segunda mitad de aquel siglo; mi sí a la Constitución europea era también una forma de decir nunca jamás.

Nos enfrentábamos a un sector de la izquierda catalana que hacía bandera del no afirmando que “una Europa más social es posible”, y a un soberanismo emergente que se oponía al tratado en nombre de la “Europa de los pueblos”. Los referéndums en Francia y Holanda, en mayo y junio de aquel año, enterraron la non nata Constitución europea con un voto de rechazo en el que se entremezclaron el no de la izquierda altermundista y el voto de los soberanistas (en este caso, partidarios de los viejos estados nación) de derecha y ultraderecha. Hoy, con la crisis económica de por medio, vemos no sólo como aquella Europa más social no ha sido posible, sino también como el modelo social europeo se tambalea de la mano de una derecha neoliberal que recorta el Estado de bienestar en clave ideológica. Porque una cosa es descargar el exceso de peso del edificio y otra muy distinta es construir un edificio alternativo socavando los pilares del modelo… Como dejó escrito Antoni Gutiérrez Díaz, histórico dirigente del PSUC y vicepresidente de la Eurocámara (1994-1999), los que desde la izquierda se opusieron a aquella Constitución “tienen pendiente valorar los costes de su no”. Idéntica reflexión vale para aquellos que desdeñaron desde el nacionalismo catalán una Constitución que tenía como divisa “unida en la diversidad” y que asisten hoy resignados al repliegue de la Europa de los Estados.

Ahora los ciudadanos de la UE (más de 500 millones y casi 390 millones de electores) tienen otra cita clave con las urnas: las elecciones al Parlamento Europeo del 2014 (entre el 22 y el 25 de mayo). Serán las octavas europeas desde junio de 1979 y las primeras en las que regirá el tratado de Lisboa, que prevé que el presidente de la Comisión se elija teniendo en cuenta el resultado: cuando los electores voten a un partido lo harán conociendo a su candidato a la presidencia… Es el caso del alemán Martin Schulz, actual presidente de la Eurocámara y candidato socialista (PSE) a la presidencia de la Comisión Europea, que el 31 de octubre pasado visitó Barcelona. Schulz lanzó dos avisos. Primero, se negó a tomar partido en el contencioso entre Catalunya y el resto de España al considerarlo una cuestión interna: “Cuando Madrid me pide que os envíe el mensaje que ellos quieren y les respondo que es un problema que debéis resolver aquí, me replican que estoy del lado de los catalanes; si digo lo mismo en Barcelona, me decís que estoy en contra de vosotros”. Segundo, consideró un error que los comicios se planteen desde Catalunya en clave plebiscitaria: “No se pueden reducir las elecciones europeas al tema exclusivo de Catalunya. Sé que algunos partidos lo harán, pero se trata de Europa y no sólo de Catalunya, de España o de Alemania, sino de cómo la Unión Europea ha de tratar la situación para que haya más justicia social”.

Evidentemente, Schulz se refería a cómo orientar la construcción de la Europa política, a los avances en la unión federal, al debate sobre políticas de austeridad, al estímulo del crecimiento y el empleo, al futuro de la unión bancaria… Pero Schulz censuraba también al portavoz del Govern, Francesc Homs, que el 5 de octubre planteó las elecciones europeas como “un ensayo general” de la consulta soberanista. En efecto, Homs presentó la cita europea como la segunda cadena humana: “No serán unas elecciones neutras desde el punto de vista del proceso. ¿Nos prohibirán aquel día ir a votar para que no se puedan hacer lecturas? Allí tendremos la oportunidad de hacer un ensayo general extraordinario”. Es de esperar que CDC, que atesora una larga experiencia en la Eurocámara, no tropiece dos veces con la misma piedra y no repita el error que cometieron ya algunos de sus cuadros en el referéndum europeo. CDC está alineada con el grupo liberal, de igual manera que Unió es socio de primera hora de los democristianos (el actual PPE). Europa no puede ser el pretexto para seguir hablando de lo único y hurtar a la ciudadanía el debate europeo… De eso ya se encargará Marine Le Pen y su proyecto de Tea Party a la europea, de la mano de neopopulistas holandeses, austriacos, belgas, suecos… que aspiran a controlar el 20% de los escaños.

Porque, como ha recordado Bernard-Henri Lévy a propósito de la tragedia de Lampedusa (El País, 3/XI/2013), “Europa, tal y como la concibieron todos sus padres fundadores, es un continente abierto al mundo que se niega a sí mismo si se convierte en una fortaleza. Porque es la patria de lo universal, es decir, de esa posibilidad ofrecida a los individuos, a todos los individuos, de rebasar la triple ley de lo nacional, lo natural y lo natal para acceder a una libertad superior anclada no en el suelo, sino en la idea”. Es la vía europea.

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