De Mendès France a Valls, Rafael Jorba, La Vanguardia, 5.04.14

De Mendès France a Valls

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 5.04.14

El martes de esta semana, en los discursos de traspaso de poderes entre Jean-Marc Ayrault y Manuel Valls, los primeros ministros saliente y entrante de Francia, ambos políticos hicieron suya una sentencia de Pierre Mendès France: “Gouverner, c’est choisir” (gobernar es escoger). Había decidido por ellos el presidente de la República, el socialista François Hollande, que procedió a cambiar de fusible -el primer ministro- para evitar un cortocircuito en el Elíseo. El batacazo del PS en las municipales obligaba a Hollande a jugar la carta de Valls -el ministro con más tirón popular- para evitar que este voto de sanción se amplifique en las europeas de mayo. La evocación de Mendès France representa la reivindicación de una manera de hacer política. Este radical socialista gobernó sólo 7 meses y 17 días (18 de junio de 1954-5 de febrero de 1955), con la conferencia de Ginebra que supuso el final de la guerra de Indochina de por medio, pero se convirtió en el referente de la izquierda francesa.

La trayectoria de Mendès France demuestra que la grandeza de un político no se mide sólo por el tiempo que ha permanecido en el poder. Desde esta perspectiva, el político más resistente de la izquierda francesa en la segunda mitad del siglo XX fue François Mitterrand, con dos septenios presidenciales a cuestas (1981-1995), que se hizo un traje a medida con las instituciones gaullistas que había combatido. La moral de la historia -título de una biografía comparada de ambos personajes- es aleccionadora: mientras la figura de Mendès France representa la virtud política, el parler vrai, el legado de Mitterrand ha sido puesto en cuarentena incluso por sus partidarios… Mendès France veía la acción política como la prolongación de un compromiso ético, y pensaba que la sociedad era capaz de progresar porque creía en el hombre y le creía capaz de alcanzar la virtud. Mitterrand tenía una visión pesimista de la condición humana y entendía que la vida política no podía sustraerse de la pasión del poder y el dinero, y cerraba los ojos ante los comportamientos deshonestos de quienes le rodeaban. Ambos coincidían en un teórico objetivo final -una sociedad más justa-, pero Mendès France consideraba que los medios en política eran tan importantes como los fines.

Desde esta óptica, y cuando el PS pasa por horas bajas, no es de extrañar que tanto Ayrault como Valls se agarren a la cita de Mendès France: gobernar es escoger. El francocatalán es la carta que ha escogido el presidente Hollande para encabezar un “gobierno de combate” y provocar una onda de choque en la opinión pública. Pero la metodología de Mendès France, en la hora de la democracia mediática, reclama de los políticos no ir a remolque de la demoscopia, gobernando en función de las encuestas, sino avanzarse a la opinión y fijar unas prioridades. Este ha sido, en su etapa de ministro del Interior, el talón de Aquiles de Valls. Su designación es un arma de doble filo para Hollande: si gana su apuesta, Valls puede consolidarse como alternativa a la presidencia de la República, pero es también la forma de quemarlo si fracasa… Entre tanto, hay que acotar el alcance de la ola azul de la derecha (UMP) en las municipales: en Francia, las llamadas elecciones intermedias son utilizadas para castigar a los gobiernos de turno. Este fue el caso, por ejemplo, de las últimas regionales de la etapa de Sarkozy en las que la UMP perdió en 21 de las 22 regiones del Hexágono. Los franceses, desde los tiempos de la cohabitación, han venido haciendo zapping para frenar las reformas de fondo que el país precisa.

La designación de Valls ha tenido como virtud centrar la imagen del nuevo primer ministro, que ha recibido críticas de la extrema derecha -Marine Le Pen le ha calificado como “un hombre peligroso”- y de la izquierda de la izquierda -Jean-Luc Mélenchon ha hablado de “suicidio político” de Hollande-. La deserción de los hasta ahora aliados ecologistas ha abierto la puerta del Gobierno a un peso pesado del PS, Ségolène Royal, y ha evidenciado que la simbiosis política que durante años mantuvo con el padre de sus cuatro hijos se ha restablecido. El presidente ha marcado de cerca al nuevo primer ministro al colocar a sus allegados en puestos clave: Sapin (Finanzas), Rebsamen (Trabajo), Le Drian (Defensa) y Le Foll (Agricultura y nuevo portavoz). Valls, que representa a un sector minoritario del PS (obtuvo un 6% en las primarias del 2011), se ha visto obligado a pactar con dos representantes del ala izquierda (Montebourg y Hamon) para corregir su perfil derechista. En resumen, un gobierno reducido y paritario (8 hombres y 8 mujeres) para levantar cabeza.

Ahora, como primer ministro, Valls deberá moderar sus formas y salvaguardar los valores de la República, que, al decir de sus críticos, puso en entredicho en su etapa de ministro del Interior. El mensaje del presidente Hollande fue claro al anunciar su designación: “Francia cultiva una angustia que los extremos utilizan para atizar los odios y la intolerancia”. En la última semana, el ascenso del FN de Marine Le Pen, que se ha hecho con once ciudades de más de 10.000 habitantes, tuvo su contrapunto en el nombramiento de Valls -nacido en el barrio barcelonés de Horta en 1962- y en la elección de la gaditana Anne Hidalgo (San Fernando, 1959) como alcaldesa de París, todo un símbolo de la integración republicana. En sus venas, como dijo Antonio Machado en su autorretrato, hay “gotas de sangre jacobina”. Valls deberá administrarlas en dosis homeopáticas.

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