La unidad que no llega, Lluís Foix, La Vanguardia, 14.09.14

La unidad que no llega

LLUÍS FOIX
LA VANGUARDIA, 17.09.14

Todos los escenarios siguen abiertos al cerrarse el debate de política general en el Parlament. La unanimidad que se respiraba en las calles de Barcelona en la Diada no se trasladó a la Cámara los dos últimos días. La unidad que pide el partido de gobierno para el proceso de construcción nacional tiene muchas aristas y ha sido imposible alcanzarla hasta ahora.

El president Mas trazó tres escenarios respecto a la consulta del 9-N. Un escenario de violencia, otro escenario de proceso de desintegración del Estado y un último de pacto con el Gobierno Rajoy. Ninguno de estos escenarios es contemplado por Artur Mas, que manifestó estar en un escenario desconocido en el que encuentra serias dificultades.

Lo más relevante del debate de ayer fueron las ofertas para ayudar a un president que no sabe cómo salir del objetivo que se marcó en el 2012 y que consiste básicamente en celebrar una consulta el próximo 9 de noviembre. En su intervención inicial dejó caer la posibilidad de convocar elecciones anticipadas si el Estado prohíbe el referéndum. Salió Oriol Junqueras ofreciendo la entrada de ERC en el Govern para blindar la consulta. Mas no aceptó el gesto de Junqueras. Supongo que pensaría que si el referéndum es declarado inconstitucional se encontraría en el trance de tener que acompañar a Esquerra en un proceso de desobediencia civil y sacar las urnas a la calle, sea cual fuere la posición de las instituciones del Estado. Entre la legalidad española y la legalidad catalana, es la segunda la que hay que seguir, afirma Junqueras.

El problema es que Mas se mueve en las arenas movedizas de lo desconocido e incierto. Es improbable que en unas semanas se forme un gobierno de coalición con el único objetivo de salvar la consulta del 9 de noviembre. Es difícil que Oriol Junqueras consiga que el Parlament apruebe sacar las urnas a la calle contraviniendo la legalidad española. Iré con usted, viene a decir Junqueras, hasta despeñarnos juntos. Mas no tiene prisa.

La novedad que aportó unos ratos de tranquilidad a Artur Mas fue la propuesta de Miquel Iceta cuando le ofreció ir de la mano hasta el final de la legislatura para salvar lo que se pueda del Estado de bienestar, del contrato social, y para buscar una solución pactada con Madrid. Todo Gobierno, dijo Iceta, tiene derecho a equivocarse, pero no tiene derecho a situar al país fuera de la ley. El mundo, en todo caso, no terminará el día 9 de noviembre, ironizó el líder de un PSC al que no le interesan unas elecciones anticipadas porque se encuentra convaleciente después de las últimas sacudidas sufridas por el partido que durante más de treinta años ganó siempre las elecciones generales y municipales en Catalunya.

Parecía hace unos días que Oriol Junqueras tenía la sartén por el mango. En cierto modo, todavía la tiene porque se siente el más genuino representante de la gran manifestación de la Diada. El problema es que cuando la calle se traslada a la política no se expresa con la unanimidad esperada. El propio Artur Mas se dio cuenta de esta trampa nacida del voluntarismo político en las elecciones anticipadas de hace casi dos años en las que pedía una mayoría excepcional y recibió un castigo que restó doce diputados a CiU. De aquella legislatura precipitadamente acortada, nació otra que lleva camino de ser igualmente breve.

La política es todo menos ficción. Los griegos la entendieron como la forma de arbitrar los intereses contrapuestos de los ciudadanos. Artur Mas tiene facultades para disolver el Parlament y también para aceptar la oferta de Junqueras para blindar por unas semanas la consulta. El problema vendría el día 10, tanto si hay referéndum pactado como si se recurre a la desobediencia civil. El president puede escuchar los cantos de sirena de Miquel Iceta y blindar su legislatura hasta el 2016. Ni CiU ni PSC se encuentran en momentos idóneos para acudir a las urnas.

En todo caso, estamos ante la posibilidad de haber perdido otros dos años por haber centrado la política en un solo y único objetivo. El Gobierno Rajoy no entiende lo que ocurre en Catalunya y piensa que dejando al ministro García-Margallo que persista en sus amenazas se va a resolver un conflicto que lleva más de un siglo condicionando la política española. Si Rajoy decidiera suspender la autonomía catalana, se añadiría un nuevo episodio en el largo memorial de agravios.

España no es Gran Bretaña. Pero tampoco Catalunya es Escocia. Lo que sí debería ser común es el talante democrático, el respeto y el debate que se precisan en situaciones tan delicadas como las que se vivirán mañana en Edimburgo o las que se van a producir en Catalunya en los próximos tiempos. Pretender que todo siga igual entre España y Catalunya me parece una quimera. El escenario de la confrontación política abierta no beneficiaría a nadie. El posibilismo y el pacto son las únicas salidas asumibles si son aceptadas por todas las partes. Vicens Vives, un tanto denostado por el soberanismo vigente, no ha caducado. Decía el académico que no tendremos aliados “si no vencemos los factores explosivos de nuestro temperamento y eliminamos todo histerismo en los días de responsabilidad suprema”. Ya sé que no es políticamente correcto pasar la palabra a Vicens Vives. Pero es bueno releer Notícia de Catalunya.

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