Rafael, la espiral del silencio y Rahola, Carme Chacón, La Vanguardia, 22.09.14

Rafael, la espiral del silencio y Rahola

CARME CHACÓN
LA VANGUARDIA, 22.09.14

En una semana he merecido la atención de dos de los columnistas más notables de La Vanguardia. Tal atención obedece, según parece, a mi presencia en la concentración convocada por Societat Civil Catalana en Tarragona y a las manifestaciones que realicé durante tal concentración.

¿Qué dije en Tarragona? Tal como recoge LaVanguardia.com: “(…) Carme Chacón ha reclamado que la Diada vuelva a ser ‘la de todos los catalanes, sin distinción’, después que, a su juicio, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, haya preferido ‘escenificar la ruptura'”.

Creo que es indiscutible que la convocatoria de la Diada de los últimos años hace imposible que se identifiquen con sus consignas y símbolos una parte muy importante de la sociedad catalana que no desea la separación de Catalunya del resto de España.

“Chacón -prosigue la crónica- ha querido ‘reivindicar que la senyera es la bandera de todos’, frente a la estelada del independentismo”.

Me parece indudable que es la senyera y no la “estrella solitaria”, de la que hablaba Rafael Campalans ya hace 80 años, la bandera que simboliza la máxima unión de los catalanes.

Por último, y “tras criticar la presencia de Artur Mas en el Fossar de les Moreres, símbolo del independentismo”, expresé mi voluntad de contribuir a “romper la espiral de silencio” que se vive en Catalunya.

Esta última alusión es la que parece haber molestado a mi apreciado Rafael Nadal. Su respuesta podría resumirse en dos ideas:

a) “Chacón se proclama víctima de una espiral de silencio” cuando no tiene motivos para hacerlo.

b) Chacón no debe quejarse (porque tras recibir un amplio apoyo electoral no supo realizar el encargo de “satisfacer los anhelos y aspiraciones de libertad de los catalanes”) y debe entender que sean otras fuerzas políticas y sociales (se entiende que los independentistas) quienes asuman hoy ese encargo.

Invito a Rafael Nadal a que repase punto por punto el programa electoral con el que concurrí a las elecciones en el 2008 y el 2011. Podrá comprobar que está imbuido de una aspiración y anhelo: la defensa de una Catalunya fuerte y respetada en una España plural. No encontrará nada que oriente esa aspiración en dirección a la ruptura con el resto de los pueblos de España ni a la división de la sociedad catalana entre buenos y malos catalanes. Eso es lo que pensaba que convenía a mi tierra. Y es lo que sigo pensando hoy.

¿Me siento satisfecha del desenlace de la tentativa de renovación institucional que se emprendió en 2006 con el nuevo Estatut? Desde luego que no. ¿Tenemos alguna responsabilidad los socialistas? Seguro que pecamos a veces de precipitación, de inconstancia otras, de falta de pedagogía casi siempre. Ahora bien, considero a los socialistas bastante menos responsables que quienes nunca creyeron en ese proceso porque querían sencillamente la ruptura. Y también mucho menos responsables que quienes lo dinamitaron atizando los peores prejuicios anticatalanes. En definitiva, fui, fuimos poco consecuentes con nuestros propósitos de entendimiento. Otros, separatistas y separadores, desdichadamente, fueron muy constantes y tenaces en su empeño. Intentamos el acuerdo y no lo logramos, otros buscaban el conflicto y lo van consiguiendo. ¿Debemos por eso dejar de buscar el acuerdo?

Existe ahí una diferencia con Rafael Nadal. Pero creo que la mayor discrepancia se basa en el primero de sus postulados: no me siento personalmente ni discriminada ni marginada ni mucho menos silenciada (baste como prueba esta misma tribuna).

La expresión que utilicé y que interpreta erróneamente Rafael Nadal es “romper la espiral de silencio que se vive en Catalunya”. Nadal tiene que saber que la expresión “espiral de silencio” procede de un gran libro de la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann titulado justamente La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social.

La tesis central de ese libro es que:

1) En los debates trascendentales que tienen una dimensión moral, los individuos se forman el juicio acerca de cuál es la opinión mayoritaria a partir de los medios de comunicación y en base a la fuerza y contundencia con la que se expresa cada opinión.

2) Que a partir de ahí, se crea una espiral que alienta a los individuos a aproximarse a las posiciones entendidas como mayoritarias y a enmudecer a quienes sostienen posiciones diferentes a las mayorías. Esa espiral hace que los individuos que expresan posiciones contrarias a las percibidas como mayoritarias se sienten amenazados con el aislamiento y guarden silencio.

Me cuento entre quienes sostienen que esa fatídica “espiral de silencio” en favor de la secesión está desatada en Catalunya. Del mismo modo que en otras zonas de España se alimentó durante años y se mantiene aún viva una espiral de silencio en favor de una visión monolítica y reductiva de España.

Considero que tanto una como otra dinámica representan un obstáculo para alcanzar el ideal de sociedad que defiendo: un país plural donde coexistan sin excluirse culturas e identidades y donde se combata la injusticia y la corrupción y prevalezca la equidad y la decencia. Ese ideal recibe en muchas latitudes el nombre de federalismo.

Mi intervención no era una queja personal. Era un llamamiento a quebrar una espiral que silencia opiniones confinándolas a un espacio minoritario y que para lograrlo utiliza a menudo medios muy discutibles. Por ejemplo, el manejo abusivo de los medios de comunicación. O, por ejemplo, las intimidaciones que se producen cuando alguien se atreve a desafiar la espiral de silencio. En ese momento actúan los agentes de lo que Noelle-Neumann denomina “la mayoría intimidatoria”. Ahí entra en juego Pilar Rahola, para dar un escarmiento a los reticentes, llámense Nuria Amat o Carme Chacón.

En lo que a mí se refiere puede Pilar Rahola proseguir con sus columnas rebosantes de insultos en las que se me acusa en 30 líneas hasta cuatro veces de “traición” (a la verdad, a la concordia y… por último a Catalunya) y acaba por penalizarme con lo que ella debe considerar la condena más cruel: la castellanización de mi nombre (Carmen por Carme), sin entender Pilar Rahola que al tratar de ofenderme sólo reproduce una parte de la realidad, ya que así es como me llama una parte de mi familia y así, mestiza, es la Catalunya real como bien debiera saber la biógrafa de Artur(o) Mas.

Estoy acostumbrada a ser blanco de las infamias de los depositarios de las esencias de España (Jiménez Losantos, Pío Moa, César Vidal), de modo que no me asustan las ofensas de los autoproclamados guardianes de la ortodoxia catalana.

Continuaré resistiendo a las espirales de silencio; a ambas. La que niega la realidad de Catalunya en una España monolítica y la que inventa una Catalunya igualmente monocorde.

Continuaré sosteniendo mis opiniones por convicción y también porque la propia Noelle-Neumann desveló el único modo en que se detiene una espiral del silencio: cuando tropieza con un “núcleo duro”, un conjunto de individuos que, aunque aparentemente sea minoritario, se reafirma en sus posiciones y opiniones y no cesa en el empeño de que su voz sea escuchada.

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