Cataluña industrial?, Ramon Aymerich, La Vanguardia, 9.12.14

Cataluña industrial?

RAMON AYMERICH
LA VANGUARDIA, 9.12.14

En 1994, la industria ocupaba al 29% de la población ocupada en Catalunya. En el 2013 ese porcentaje se redujo al 18,3%. La magnitud del descenso ha sido prácticamente idéntica (del 29% al 18,6%) en términos de peso sobre el PIB. Los datos se recogen en un estudio encargado por la Fundació per la Indústria (antes Fundació Gremi de Fabricants) elaborado por el economista Josep Oliver.

Del estudio emerge una visión muy diferente de la realidad de un país que ha hecho de la tradición industrial parte de su identidad. En las grandes regiones industriales alemanas y del Centro de Europa, la industria es todavía más del 30% del empleo. Catalunya anda ya muy lejos de esos porcentajes y recuperar los 250.000 empleos perdidos en este periodo, conceptuado como la peor crisis vivida en medio siglo, es una quimera.

Lo ocurrido no es específico de Catalunya. Es común a la casi totalidad de regiones al oeste del Rin, convertida hoy en la nueva línea divisoria entre la Europa industrial y la que no lo es. Desaparecen los islotes industriales del Sur europeo. Entre ellos el País Vasco, donde el peso de la industria en el PIB baja del 28% al 21%. Sale mejor parado que Catalunya. Es verdad. Pero revela que ni el concierto económico ni una estrategia más agresiva han evitado el declive.

Es decir, la globalización, a través de deslocalizaciones y una fuerte competencia a la baja en precios, ha tenido efectos devastadores sobre el empleo industrial en la Europa del Sur.

Se pueden encontrar atenuantes. Pero el declive industrial en Catalunya es insólito y único por su profundidad. Se puede decir que lo ocurrido es resultado de la crisis financiera e inmobiliaria. En parte es así. Pero también es verdad que la burbuja “narcotizó” la inversión con mucho crédito que no volverá y que la construcción tiró de algunos sectores industriales.

Se ha rebajado también ese declive con la suma de los servicios a la industria. De tareas que antes se hacían en las empresas y ahora se han segregado. Pero el trabajo desmonta esa hipótesis. Hay quien ha imaginado un gran nudo logístico en el sur del Mediterráneo. Catalunya dejaría de ser la “Fábrica de España” para pasar a ser el Almacén General. Pero con el poco interés de Fomento en el corredor ferroviario mediterráneo, más vale no soñar en ello.

Tampoco cabe atribuir lo ocurrido a la política: el trabajo indica que el peso de la inversión industrial en Catalunya sobre España no ha variado en los últimos años. No es que quieran invertir en Madrid o Valencia. El problema es que lo hacen en el Este y al Centro de Europa.

En los últimos años, la industria catalana sustituyó el estancado mercado español con su salida al exterior, donde ganó importante cuota. Es ese relato el que flaquea. Ahora se sabe que eso ocurrió básicamente en los primeros años del euro y en la última etapa (2010-2012), cuando los salarios se comprimieron. También se sabe que el ritmo de incremento de las exportaciones ha menguado con los años y que se ha perdido mucho empleo, en buena parte, por su baja formación. De este periodo salen sectores ganadores: el alimentario y el farmacéutico. Pero también la urgencia de un debate urgente. Porque la alternativa a todo eso no es otra que la de un país de camareros.

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