2015: otra vez Grecia y el euro, Josep Oliver Alonso, La Vanguardia, 2.01.15

2015: otra vez Grecia y el euro

JOSEP OLIVER ALONSO
LA VANGUARDIA, 2.01.15

Hace poco avisábamos de la tempestad que, procedente del este, se acumula en el horizonte. En Grecia se ha desatado ya. Del país heleno se destaca su escaso peso, un 2% del PIB de la eurozona. Y, también, que el riesgo financiero es escaso, porque la banca ha tenido tiempo para provisionar pérdidas y, en especial, porque el grueso de su deuda se encuentra en manos del BCE, el FMI o de gobiernos de la UE. Entonces, si no es ni por su tamaño ni por la fragilidad que pueda generar en sus acreedores, ¿porqué es relevante Grecia? Para Europa, por lo que tiene de laboratorio del euro y para nosotros, por sus potenciales negativas consecuencias.

La creación del euro se basó en un acuerdo, implícito, de muy distintas opiniones públicas, consenso que comenzó a resquebrajarse con la crisis financiera. El electorado alemán accedió, con mucha reticencia, a vulnerar los Tratados europeos que impedían salvar a un país, y contribuyó generosamente a los rescates de Grecia. Si, ahora, el probable vencedor de las elecciones griegas, Syriza, rechazara parte de su deuda, no les quepa la menor duda que en Alemania, Austria, Finlandia o Holanda se encenderán los ánimos. Y no de las élites económicas y financieras, que también, sino de los votantes de esos países, que se sentirán estafados en lo acordado en los rescates. Una grieta más en la divisa común.

Para nosotros, lo de Grecia tiene otro cariz. España ha sido, y es, demasiado importante, y con una muy elevada deuda interna y externa, como para que pueda ser rescatada. Esta imposibilidad explica la crisis 2011/2012, cuando a punto estuvimos de echar a perder el euro. No lo pusieron en la picota ni Grecia, ni Portugal ni Irlanda, ni, si me apuran, Italia. De hecho, todavía hace un año y medio, el FMI advertía que España era un riesgo sistémico para la economía mundial. Por ello, los efectos indirectos que la crisis griega pueda generar sobre nosotros tienen mayor trascendencia, interna y externa, de la que muchos suponen.

Sea cual sea el resultado electoral en Grecia, Europa y el euro han entrado ya en un periodo turbulento. Hay muchos indignados, de distinto cariz, en el sur y en el norte europeos y, con su eclosión, el consenso que ha garantizado el euro se resquebraja más todavía. Y si este proceso se profundiza, no es evidente que seamos capaces de mantener la calma, y apuntalar el futuro de la divisa común.

En política, como en economía, las decisiones de unos pocos, pretendidamente informados, no son garantía de prosperidad. Pero tampoco lo son las decisiones de muchos: las naciones, los pueblos también se equivocan colectivamente. De ambos errores aprendimos amargamente tras la expansión 1995/08.

Quizás escampe un tanto. Pero ni la UE, ni la divisa común ni nosotros, están a salvo. Ojalá el 2015 no nos devuelva al pasado de una nueva crisis del euro. ¡Feliz año nuevo!

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