La sociedad del riesgo, Rafael Jorba, La Vanguardia, 10.01.15

La sociedad del riesgo

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 10.01.15

En la muerte del sociólogo alemán Ulrich Beck, a quien debemos el concepto de sociedad del riesgo, la política y la economía europeas están midiendo otro riesgo menos estructural y más mediato: una eventual victoria de Syriza -la izquierda radical griega de Alexis Tsipras- en las elecciones anticipadas del 25 de enero. Desde la lógica económica -el PIB de Grecia apenas supone el 2% del de la UE- estamos ante un riesgo acotado. Sin embargo, en Bruselas y Berlín se teme el efecto contagio de un triunfo de Syriza en los otros socios de la Europa del Sur, en especial España, con la emergencia de Podemos como telón de fondo. El ágora griega -el núcleo del espacio público de la democracia primigenia- es hoy el laboratorio de un cambio de ciclo político en Europa. Sólo desde esta óptica cabe entender la amenaza de Angela Merkel, filtrada el 3 de enero por el semanario Spiegel citando “fuentes próximas al Gobierno alemán”, en el sentido de que “considera casi inevitable una salida de la zona euro” si Tsipras “abandona la línea de rigor presupuestario y ya no reembolsa las deudas del país”. Puede que la advertencia de Merkel, desmentida oficialmente, sea sólo un aviso para navegantes, en línea con el perfil de “nuevo Maquiavelo” que hizo de ella su compatriota Ulrich Beck.

En efecto, este sociólogo fallecido el pasado 1 de enero publicó en noviembre del 2012 un artículo en el que atribuía a Merkel -“la reina sin corona de Europa”- una habilidad casi maquiavélica: “El modelo Merkiavelo”. Para fundamentar su diagnóstico, Beck citaba, entre otros, dos argumentos. Primero, “el maquiavelismo de la canciller responde al hecho de que, en el conflicto virulento que opone a los arquitectos de Europa con los soberanistas, ella se cuida de no tomar partido o, más bien, se mantiene abierta a ambas opciones”. Segundo, Merkel impone el “credo de la austeridad” a partir de aquel consejo de El Príncipe: “¿Es mejor ser amado que temido? La respuesta es que se necesita lo uno y lo otro, pero como es difícil sentir en igual grado ambos afectos, habiendo de escoger, es más seguro ser temido que amado”. En todo caso, las advertencias de la canciller parecen más un globo sonda dirigido a los otros países del Sur que a Grecia en particular, que tiene poco que perder tras más de seis años de recesión: el PIB se ha contraído cerca del 25% desde el 2008, la renta disponible ha disminuido un 17% entre el 2009 y el 2011, el salario medio del sector público ha decrecido un 20%, las pensiones se han recortado un 15% desde el 2010 y el paro juvenil se acerca al 58%.

En este contexto, el primer ministro saliente, el conservador Andonis Samarás, afirma que Grecia ha estabilizado la economía, augura un crecimiento del 2,9% del PIB para el 2015 y alerta que una victoria de Syriza amenazaría con echar a perder todo lo que se ha logrado a costa de grandes sacrificios. La réplica la da George Stathakis, economista y responsable del giro hacia el realismo de Syriza: defiende una renegociación de la deuda, que ronda los 300.000 millones de euros y representa el 175% del PIB. Su hoja de ruta, en caso de acceder al Gobierno, prevé retrasar el reembolso de los 24.000 millones de euros previsto para el 2015 y renegociar el pago de la deuda durante el próximo decenio. “Europa debería estar interesada en permitir que Grecia siga en el euro, que es lo que nosotros deseamos, y que retome el crecimiento sin ahogarse en la deuda”, argumenta Stathakis. Son falsas, en todo caso, dos de las premisas políticas sobre las que se sustenta la posición alemana: Syriza no desea la denominada Grexit (la salida del euro) y defiende la renegociación de los memorándums con la troika (FMI, BCE y CE), consciente de que buena parte de su deuda está en manos de sus socios, empezando por Alemania, que posee 65.000 millones de euros.

Los ciudadanos griegos saben que son ellos los que han pagado un precio más alto por las políticas de austeridad y, en consecuencia, saben que también son los que menos tienen que perder. Es difícil que las amenazas de Merkiavelo alienten el voto del miedo en las elecciones anticipadas del 25 de enero. En Grecia, a diferencia de lo que pasa en los otros socios de la Europa del Sur, la quiebra local pesa más que la sensación de riesgo global… La sociedad del riesgo, que teorizó Ulrich Beck en su obra de referencia (1986), afecta en mayor medida a aquellos países que han visto cómo la “producción social de las riquezas” era cada vez más inseparable de la “producción social de los riesgos”: el riesgo se democratizaba y se extendía así a otros sectores sociales hasta ahora protegidos (caso de las clases medias).

“El riesgo no significa catástrofe, sino percepción de la catástrofe futura en el presente. La generalización de los riesgos (cambio climático, crisis financiera, terrorismo) instaura un estado de urgencia ilimitado, que trasciende la esfera nacional para convertirse en universal”, escribió en octubre del 2008 al inicio de este ciclo de crisis. Los Estados nación, que Ulrich Beck situaba en la que denominaba categoría zombi, ya no pueden responder a esos riesgos globales; defendía, en consecuencia, la necesidad de un Parlamento mundial para afrontarlos.

La primera etapa, en esta vía, es una construcción europea, de matriz federal, que supere la Europa alemana (título de su último libro): “Esperemos que sea ein anderes Europa (‘otra Europa’), cosmopolita, capaz de defender su posición en un mundo rodeado de peligros, y no eine Deutsche Bundesrepublik Europa (‘una República federal alemana de Europa’)”. Las elecciones griegas son el primer test de ese dilema.

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