Partidos y movimientos, Rafael Jorba, La Vanguardia, 27.06.15

Partidos y movimientos

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 27.06.15

El neogaullismo, de la mano de Nicolas Sarkozy, oficializó el 30 de mayo pasado el cambio de nombre del partido para intentar recuperar aquel movimiento político interclasista y de amplias fronteras que tenía el gaullismo primigenio: la Unión por un Movimiento Popular (UMP) se convirtió así en Los Republicanos (LR). Esta nueva denominación fue criticada por el resto de los partidos franceses, de derechas y de izquierdas, que consideran que los llamados valores republicanos son un patrimonio compartido del que nadie puede apropiarse en exclusiva. La maniobra de Sarkozy, con vistas a las presidenciales del 2017, es más táctica que estratégica: pretende más limpiar las siglas de la extinta UMP, salpicadas por los casos de corrupción y financiación irregular del partido que afectan al propio ex presidente, que cambiar su matriz derechista. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, reza el refrán castellano.

En efecto, Sarkozy difícilmente puede hacer bandera de los valores republicanos, sintetizados en la divisa de la República -“Libertad, igualdad y fraternidad” y con la laicidad en su núcleo-, cuando los conculcó en su etapa presidencial para arañar votos a la extrema derecha (FN). Además, en el plano ideológico, el gaullismo del que Sarkozy se reclama heredero ha ido perdiendo por el camino no sólo su componente social y de izquierdas, del que fue abanderado Philippe Séguin, sino a sus aliados centristas de la antigua UDF (democristianos y liberales). Puede, en todo caso, que Sarkozy esgrima su nueva marca -Los Republicanos- para limpiar la cara de la derecha, pero no podrá recuperar aquel movimiento de amplio espectro que encarnó en su día el general De Gaulle y que cristalizó en la V República (1958).

El historiador René Rémond, en un libro de referencia sobre la derecha francesa (Les droites en France. Aubier, 1982), se preguntaba si la doctrina gaullista origi­naria era de derechas: “La cuestión es simple; la respuesta lo es menos”. El término ­rassemblement, presente desde el primer partido fundado por De Gaulle (RPF) hasta el partido neogaullista de Jacques Chirac (RPR), remite a unión y reagrupamiento, “recusando la distinción derecha-izquierda, que considera artificial y ruinosa”. “Intenta trabajar -añade Rémond- por la unidad de la nación, condición sine qua non de su grandeur (grandeza)”.

Este factor podría llevar a asimilar el gaullismo con el nacionalismo conservador, de matriz monárquica, que impulsó en su día la Action Française de Charles Maurras (1868-1952). El historiador Rémond, sin embargo, marca también notables diferencias: “El nacionalismo del general De Gaulle, a diferencia del que se califica como tal, es integral: no repudia ningún capítulo de la historia de la nación francesa. No reniega de la Revolución ni de la obra de la III República (¿) Acepta en bloque todo el pasado de Francia. Es un nacionalismo de rassemblement, cuyo ecumenismo se opone a los nacionalismos de trinchera y de exclusión”. En este contexto, con Francia como referente, comparto el análisis de Lluís Bassets sobre el partido-movimiento que impulsa ahora en Catalunya el president Mas: “Hay una cierta afición atolondrada a buscar afinidades entre Artur Mas y los caudillajes caribeños que está muy lejos de los modos y, sobre todo, de la psicología del presidente catalán. El rey Artur, tal como le denominó su biógrafa y hagiógrafa Pilar Rahola, tiene muchas afinidades con la cultura política francesa, donde la derecha republicana sigue el surco de los liderazgos marcados por el general De Gaulle y seguido por los presidentes que le sucedieron en la inspiración, principalmente Chirac y Sarkozy. Cada uno amoldó el partido de la derecha como partido del presidente, es decir, una organización destinada a conseguir que el presidente ganara las elecciones. Cada uno le dio incluso un nombre distinto o proporcionó a las siglas un significado propio” (El País, 17/06/2015).

Sin embargo, y salvando todas las distancias, pienso que al movimiento de Artur Mas se le puede aplicar el mismo refrán castellano que al de Los Republicanos (LR) de Sarkozy: ­dime de qué presumes y te diré de qué careces. Porque el masismo, a diferencia del pujolismo originario, ha perdido transversalidad social y nacional, con un ­programa de perfil más neoliberal en lo económico y con el paso del catalanismo al ­independentismo, como lo evidencia la ­deserción del socio democristiano (UDC) y la consiguiente quiebra de CiU, la coalición que desde hace 37 años sintetizaba ese movimiento. En Catalanisme o naciona­lisme (Columna, 2004) escribí al respecto: “El pujolismo es un movimiento popular, que desborda las filas de los partidos que le apoyan, y que ha sabido encontrar aliados estables y coyunturales en el tejido asociativo catalán (¿) El pujolismo, en consecuencia, difícilmente podrá sobrevivir a su líder y fundador. O al menos no podrá hacerlo como aquel movimiento de amplias fronteras que, en las elecciones autonómicas, era capaz de sumar desde el voto útil antisocialista de un sector del PP hasta el voto útil independentista. El pospujolismo puede representar la fragmentación del movimiento”.

Y aquí estamos. En puertas de unas ­elecciones plebiscitarias en las que el masismo, privado de aquella transversalidad del pujolismo, echa mano de otra tradición francesa que se remonta al bonapartismo. Fue Luis-Napoleón Bonaparte quien más abusó de la fórmula, hasta el punto de que en Francia el plebiscito remite al instrumento que utilizó en tres ocasiones (1851, 1852 y 1870). Como ya expliqué en su día, ­Rémond apuntaba una coincidencia entre el gaullismo y el bonapartismo: “Sin entrar en la controversia exegética y jurídica sobre los rasgos que diferencian plebiscito y referéndum, lo importante, al menos por sus principios, es que tanto la V República, bajo el principado del general De Gaulle, como el Segundo Imperio recurrieran a este tipo de procedimientos para legitimar el poder o zanjar cuestiones capitales”. El problema para el president Mas es que intenta hacerlo con un movimiento hipermovilizado pero amputado.

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