Tsipras no ha podido, Rafael Jorba, La Vanguardia, 4.07.15

Tsipras no ha podido

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 4.07.15

Tras las elecciones griegas del 25 de enero de este año me preguntaba: “¿Podemos? Ya veremos” (31/I/2015). En aquel análisis constataba que la victoria de Alexis Tsipras, líder de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), representaba la implosión del modelo bipartidista de las cuatro últimas décadas y apuntaba que el ágora griega se había convertido en el laboratorio de un cambio de ciclo político en la Europa del Sur. ¿Podemos? Ya veremos, respondía. Dependerá -añadía- de la solvencia de Tsipras a la hora de concretar una apuesta programática harto complicada: fin de la austeridad, subida de salarios, bajada de impuestos y renegociación de la deuda con la troika (BCE, FMI y CE). Tiempo habrá -concluía- para evaluar si logra la cuadratura del círculo o, por el contrario, se constatan los temores de aquellos analistas que consideran que se trata de un plan de tintes populistas abocado al fracaso.

Cinco meses después, con un acuerdo casi ultimado en el Eurogrupo, Tsipras ha roto la baraja: ha convocado un referéndum sobre la oferta europea, calificada de ultimátum, tomando al pueblo griego como rehén de la partida de póquer de su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, con sus colegas europeos. El uso del arma del referéndum puede ser legítimo -el socialista Yorgos Papandreu lo intentó hace 4 años-, pero no así una convocatoria en caliente, sin tiempo y forma para el debate contradictorio, que plantea en la práctica un sí o un no a la Unión Europea, como ha resumido Jean-Claude Juncker.

Desde esta óptica, el recurso al referéndum por parte de Tsipras representa una huida hacia delante para sortear las divisiones internas en Syriza, con el propio Tsipras al frente de la llamada corriente presidencial o moderada frente al ala más radical de la coalición, de la que es uno de sus teóricos el economista Kostas Lapavitsas, que defiende la salida de la eurozona y la vuelta a la dracma, con su corolario: una devaluación que castigaría sobre todo a los más desfavorecidos. En su día, con el rechazo frontal de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, el entonces primer ministro Papandreu estimaba que los ciudadanos griegos debían ser consultados sobre los sacrificios que imponía el mantenimiento en la moneda única. Ahora la apuesta de Tsipras es un farol: pide a los griegos que rechacen con “un gran no el ultimátum” europeo, pero afirma que este voto no representaría la salida del euro.

La deriva de Tsipras, como la ha calificado el diario progresista francés Libération (19/VI/2015), se escenificó en el debate parlamentario del pasado sábado cuando sacó adelante la convocatoria del referéndum con el apoyo de Syriza, de sus aliados ultraconservadores (Anel) y los neonazis de Aurora Dorada. En una tensa sesión parlamentaria, con los diputados del ala radical de Syriza festejando el evento, la oposición interpretó la pregunta de Tsipras como un plebiscito sobre el euro y Europa. En concreto, el emergente líder centrista Stavros Theodorakis, de To Potami, acusó al Gobierno de Syriza-Anel de “liderar el lobby de la dracma, sacar al país del euro y colocarlo al borde del precipicio”. Semanas antes, en otro debate, Theodorakis había puesto ya en tela de juicio la estrategia negociadora de Tsipras: “Cuando la mitad de su partido desea salir del euro, no se trata de una señal de pluralismo, sino de un peligro para el país”. To Potami y Pasok habían mostrado su disposición a apoyar un acuerdo con los socios europeos.

Entre tanto, el populismo de distinto signo que atenaza a Tsipras puede provocar, como ha sintetizado el periodista Mateo Madridejos, “un retroceso deplorable en el proceso de modernización de la Grecia surgida de las tinieblas del Imperio otomano en 1830”. Es evidente que los dos premios Nobel de Economía (Stiglitz y Krugman) que han terciado en el debate griego llevan razón al cuestionar la política austericida de la troika, pero olvidan que no estamos en las presidenciales norteamericanas de 1992 en las que hizo fortuna aquella consigna que dio la victoria a Bill Clinton frente a Bush padre: “Es la economía, estúpido” (“The economy, stupid”). Ahora, en Grecia, habría que dar la vuelta a la frase: “Es la política, estúpido”.

En efecto, desde el día siguiente de la victoria de Syriza, que se benefició de una prima de 50 escaños como primera fuerza (36,3% de los votos), Tsipras se alió sorprendentemente con Anel (Griegos Independientes), la fuerza ultraconservadora de Panos Kamenos, escindida de la derecha (Nueva Democracia). Kamenos, el actual ministro de Defensa, ha coqueteado con la Rusia de Vladímir Putin como teórica opción de recambio para Grecia, un país con una posición geoestratégica clave para Europa. La coalición de Gobierno en Atenas, en suma, es una amalgama de populistas de izquierdas y derechas, que abarca desde los neocomunistas hasta la extrema derecha xenófoba y antieuropea, con el nexo común del rechazo del diktat de Bruselas y la caricaturización de Angela Merkel, convertida en cabeza de turco de todos sus males. Evidentemente, Tsipras ha fraguado sus alianzas en virtud de la legitimidad que le dieron los electores, pero olvida que la misma legitimidad poseen los otros estados miembros de la Unión, empezando por Alemania donde la canciller Merkel gobierna con una gran coalición con el SPD que suma el 67% del voto popular.

Tsipras se debatía entre la aceptación de un nuevo rescate, con condiciones difíciles de digerir, o la deriva populista, a riesgo del corralito, una quiebra financiera y la salida del euro. Y, después de jugar a dos bandas, ha acabado optando por lo segundo, pese a que la mayoría de los griegos siguen siendo favorables a la moneda única porque temen que la llamada Grexit agrave aún más su situación. El país ha entrado de nuevo en recesión el primer trimestre del 2015 y tiene los deberes por hacer: exceso de burocracia e hipertrofia del sector público, sistema fiscal obsoleto y evasión crónica, déficit presupuestario permanente y deuda galopante, clientelismo cotidiano y poder omnímodo de los grupos oligárquicos… Lo dicho: Tsipras no ha podido.

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