El papel de Hollande, Rafael Jorba, La Vanguardia, 18.07.15

El papel de Hollande

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 18.07.15

Puede que el presidente Hollande no tenga el carisma político de sus predecesores. Puede también, como le reprochan sus críticos, que dirija Francia desde el regate corto con el que en su día administró como primer secretario del PS las luchas intestinas entre las distintas fracciones socialistas… Pero, en ­todo caso, el martes de esta semana pudo celebrar el 14 de Julio con dos notables éxitos diplomáticos en su haber: el mantenimiento de Grecia en la zona euro, del que ha sido el principal valedor, y el acuerdo sobre el dossier nuclear iraní, del que su ministro de Exteriores, Laurent Fabius, ha sido uno de los artífices. Hollande es un experto en el arte de la negociación y los matices, con el resultado de una política en gris que se aleja del relato categórico, en blanco y negro, que exige el tiempo mediático. En una biografía de referencia -François Hollande. Itinéraire secret. Fayard, 2011-, el periodista Serge Raffy revela la fórmula que utiliza uno de sus hijos, Thomas, para definirlo: “Cuando estás con él en una habitación, tienes la impresión de que tiene una decena de puertas abiertas a su alrededor. No sabes nunca por dónde saldrá¿”.

Y a esa habilidad para sortear las situaciones difíciles se une un sentido del humor -cualidad que la canciller Merkel aprecia en el presidente francés- que empieza por saberse reír de sí mismo. Sólo un ejemplo que gustaba de repetir el joven Hollande: “En el amor y con las mujeres, me pasa como con el inglés: estoy en la categoría de los mediocres”. El resultado acaba perfilando un político complejo al que no se puede minusvalorar… Lo saben muy bien los barones del PS, que le apodaban despectivamente Flamby (una popular marca francesa de flan), y a los que ganó la partida en las primarias del partido para las presidenciales del 2012. Y lo sabe el expresidente Sarkozy al que el Flamby Hollande se le indigestó en una campaña en la que partía como claro favorito.

Ahora, en la maratoniana cumbre de los países de la eurozona, que terminó el lunes tras 17 horas de negociación, Hollande se ha salido también con la suya: ha sido el principal valedor de Grecia y ha impedido el proyecto de un Grexit temporal (5 años) que auspiciaba el alemán Wolfgang Schäuble. La factura que ha de pagar ­Alexis Tsipras ha sido elevada, casi hu­millante pero, como ha resumido Lluís Bassets, “sin Francia hubiera podido ser peor” (El País, 13/VII/2015).

En efecto, en el plano técnico y político, Francia ha abanderado el frente de rechazo a la exclusión de Grecia. La pasada semana, con anterioridad a la cumbre de la eurozona, Hollande comunicó este mensaje a Tsipras: “Estoy dispuesto a ayudarte, pero hace falta que tú te dejes ayudar”. Este compromiso se concretó con la asistencia técnica de altos funcionarios del Ministerio de Finanzas que contribuyeron a redactar las propuestas dirigidas a la troika: “Nuestros técnicos se limitan a asesorar para que la fórmula presentada por Atenas sea aceptable”. Ya en la reunión clave del domingo Hollande se enfrentó al sector duro que encabezó Merkel, con el aval de Finlandia y Holanda¿ y también de países tanto o más pobres que Grecia -las repúblicas bálticas, Eslovenia y Eslovaquia- que se sumaron al frente de la austeridad: ellos han realizado reformas drásticas para estar en el euro y no querían hacer más regalos a Grecia. Francia, con el apoyo de Italia, Chipre e incluso ­España, puso sobre la mesa los riesgos ­estratégicos del Grexit, tanto políticos como económicos, sobre todo teniendo en cuenta que el país representa menos del 2% del PIB europeo. Hollande logró convencer a Merkel con un argumento político: no podía pasar a la historia como la canciller que fracturó la eurozona.

El reconocimiento de la labor desempeñada por el presidente Hollande vino de un político europeísta de altura, el líder liberal y ex primer ministro belga Guy Verhofstadt: “Francia ha tenido un papel importante, constructivo y positivo en esta negociación”. También de puertas adentro la exministra ecologista Cécile Duflot, que abandonó el gobierno por el giro reformista de Manuel Valls, se mostró elogiosa: “Hay momentos en los que muy pocas personas tienen en sus manos un trozo de historia. Hoy, François Hollande es una de ellas”. Paralelamente, el expresidente Sarkozy, actual líder de la derecha refundada (Los Republicanos), había abogado por el Grexit y había invitado a Hollande “a estar a la altura del momento”, pero horas después tuvo que dar marcha atrás a sus críticas.

El presidente Hollande, en resumen, ha encontrado en la crisis griega un balón de oxígeno en su frágil situación interna, con cuatro razones, de mayor a menor, que lo explican. La primera, de tipo geopolítico, dado el papel clave de Grecia en la frontera oriental de Europa. La segunda, de orden económico, con el riesgo de que un Grexit contagiara a otros países y abriera una segunda vuelta de inestabilidad en el sur de Europa. La tercera, ligada al papel histórico de Francia en la construcción europea al lado de Alemania: “No digo que Francia ha ganado. Es Europa la que ha ganado, y Francia ha desempeñado su papel”. Y la última razón, de orden interior, para afirmar su papel de político de izquierdas.

¿Y la humillación impuesta a Grecia a cambio de permanecer en el euro? “La humillación hubiese sido echarla”, responde Hollande. Desde esta lógica, como ha escrito un editorialista de Libération (14/VII/2015), la pregunta no es si Grecia ha perdido una parte de su soberanía, sino si con este acuerdo los griegos saldrán de la miseria: “¿Perder una parte de su soberanía, en el seno de la Unión, es algo tan malo para los pueblos? La idea misma de la Unión Europea es una sucesión de pérdidas de soberanía (¿) Paradójicamente, el castigo griego podría hacernos comprender que tenemos mucho que ganar a cambio de perder un poco de soberanía nacional contra mucha soberanía colectiva”. Una lección válida para Grecia y también para aquellos que han emprendido un incierto viaje hacia Ítaca.

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