Herrero y la fiebre catalana, Antoni Puigverd, La Vanguardia, 16.01.17

Herrero y la fiebre catalana

ANTONI PUIGVERD
LA VANGUARDIA, 16.01.17

Llevamos tantos años discutiendo, especulando o cotorreando sobre el pleito entre Catalunya y España que nos hemos perdido. Ciertamente la demanda que ahora mismo está sobre la mesa es muy concreta: referéndum. Pero muy pocos partidarios o antagonistas del referéndum sabrían explicar bien por qué hemos llegado hasta aquí. Discutimos, no con la pretensión de llegar a aclarar la cuestión, sino con la intención contraria: liarla parda, enrarecer el ambiente, ensanchar el campo de minas, hacer cada vez más peligrosa la circulación del problema por los carriles centrales. El campo de minas y los enredos constantes fuerzan la circulación hacia los extremos: o todo o nada, o unionismo o separatismo.

En medio de la confusión, los implacables movimientos judiciales del inmovilismo y la febril agitación del independentismo acaparan la atención. Como si fueran las únicas vías posibles para una sociedad tan compleja, matizada y plural como es la catalana (sinécdoque de una España que, por más que se empeñen los uniformadores tradicionales o los jacobinos de escuela francesa, lleva en sus genes el ADN de la diversidad desde que la monarquía hispánica se confederó).

Para salir de la confusión y del ruido tremendista es fundamental favorecer un diagnóstico compartido sobre las causas que nos han llevado hasta aquí. ¿Por qué tiene fiebre Catalunya? Para evaluar la ­fiebre catalana, ningún médico será mejor que uno de los tres padres vivos de la Constitución. Alguien que no sólo tenga la frialdad analítica, la base jurídica y el conocimiento empírico de un Roca Junyent, sino que, además, no pueda ser acusado, en tanto que catalán, de ser arte y parte. Por eso es tan importante valorar las ­declaraciones que Herrero de Miñón, jurista de gran prestigio, miembro del Consejo de Estado y exdirigente de UCD y Alianza Popular, realizó la semana pasada en el digital El Español, a propósito de su libro Tres conferencias sobre la reforma constitucional (Editorial Tirant lo Blanch).

Herrero se opone a reformar la Cons­titución para resolver el pleito catalán y las otras fiebres del momento como la corrupción: “El problema no está en la Constitución; está en su desarrollo”. En cuanto al clima tenso que estamos viviendo, causado por la crisis y la aparición de nuevos actores (Podemos) que exigen cambios ­radicales, recuerda, lúcido: “Dramatizar todo tiene el inconveniente de que no se hace nada. Porque el drama asusta”. Y ­entrando en el tema catalán, desautoriza de entrada el clima de ruptura: “Negociar significa que no se puede partir de hechos consumados”. También desautoriza los intentos de empezar otra vez de cero iniciando un nuevo proceso constituyente.

Tras descartar las palabras fetiche como federalismo porque pueden significar tantas cosas a la vez que es como si no significaran nada, Herrero barre tópicos muy frecuentes en la retórica anticatalanista. Pregunta el periodista: “¿Hay algún país más descentralizado que España en Europa?”. Contesta, secamente: “Alemania”. Y despliega su diagnóstico: “Aquí, indebidamente, se ha seguido una política neocentralizadora que tampoco se acerca demasiado a lo que era el espíritu constitucional. Aquí las autonomías se consideraban en su génesis como autonomías políticas. Luego las autonomías se multiplicaron por 17 en los Pactos Autonómicos de 1981, que fueron un desastre, en los que pusieron sus pecadoras manos los partidos entonces mayoritarios, UCD y PSOE. Multiplicar por 17 las autonomías es una ingeniosa forma de conjurar los males de tres… Así no se arregla nada”.

Tras el café para todos vino la Loapa, “una fórmula recentralizadora”, explica, que el TC tumbó, pero que se desplegó igualmente por otras vías: “Sus principios, a través de la jurisprudencia y una serie de políticas concretas, han seguido la vía recentralizadora. Y claro, eso no sirve para todos, porque rompe la relación con Catalunya. El Estatuto de Catalunya de 1979 era un verdadero pacto de Estado. (…) El Estatuto de Catalunya, sea el que sea, debe ser siempre un pacto de Estado. Y hay que respetarlo como tal”.

Tras repasar muy críticamente la impugnación del PP del nuevo Estatuto y la sentencia del TC, propone su fórmula para resolver el problema. A ella me referí en un artículo anterior: “Una Disposición Adicional de la Constitución que reconociera la personalidad de Catalunya y las competencias inherentes a esa personalidad”. Pero más interesante es en este momento su diagnóstico, ya que evalúa las causas de la fiebre. Pedir la secesión, sostiene, “rompe el pacto de Estado”, pero también lo rompe la lógica estatal de tantos años: “Interpretando las leyes de bases de tal manera que la legislación catalana quede sin campo de desarrollo”.

Hablando de negociación, recuerda que no se trata de dar más o menos competencias, ya que esto sería como abordar las enfermedades por el síntoma. Y de manera clara y sonora, este jurista y padre madrileño de la Constitución concluye: “Si lo que se reclama es un reconocimiento de identidad, usted tiene que sentarse y reconocer la identidad de una vez por todas”.

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