¿Drama?, Antoni Puigverd, La Vanguardia, 18.01.17

¿Drama?

ANTONI PUIGVERD
LA VANGUARDIA, 18.01.17

El choque se divisa. Ya no puede evitarse. Los dados fueron lanzados y el catalanismo atravesó el Rubicón. Inmóvil y pétreo, el gobierno español respondió con la fiscalía y empujando el TC a tareas represivas. Los juicios en curso ya no pueden detenerse, ni tampoco la vigilancia del TC sobre el Parlament y el Govern. Se acerca uno de estos dos finales: o bien la capacidad de movilización del independentismo se hace merecedora del adjetivo “gandhiano”, pues consigue parar el país y suscitar una intervención europea; o bien, el independentismo termina la aventura trasquilado por los jueces y políticamente impotente.

Ya nada puede aplacar la lógica de los hechos. Todo lo que ahora leemos y escuchamos equivale a la música que la banda tocaba, en las guerras de antes, cuando los ejércitos ya habían comenzado a avanzar el uno contra el otro. Música para estimular los ánimos de la soldadesca. El president Puigdemont, indiferente a una hipotética inhabilitación, pronuncia encendidos discursos; Romeva sostiene ante el Parlament que su conselleria se está convirtiendo en el ministerio del nuevo estado; y los exegetas del procés siguen descubriendo nuevas razones para abandonar España.

Oficialmente, nadie duda nada de que la independencia está a la vuelta de la esquina. Por consiguiente, si la CUP da el visto bueno a los presupuestos, el referéndum será convocado y firmado por el presidente y por el vicepresidente. Como es sabido, esta convocatoria será impugnada. No especulamos sobre la respuesta de los catalanes, pero subrayemos un hecho curioso: si el decreto de convocatoria implica la inhabilitación de los convocantes, Junqueras tampoco podría presentarse a las elecciones. Esto hace leer de otra manera la insistencia de Puigdemont a arrastrar a Junqueras a la pira.

“Catalunya no será independiente, pero los independentistas se dirigen hacia el drama para poder justificar su derrota”, decía el otro día Gallardón, anunciando la victoria del estado. El intento de quemar a Junqueras parece darle la razón (ahora bien, no deja de ser pintoresco que el alcalde que dejó Madrid con una deuda estratosférica de 7.366 millones tenga el descaro de discursear). El PP ha sido actor principalísimo del drama que Gallardón da por hecho: después de impugnar el Estatut descabezado por el TC en el 2010, cerró todas las salidas. Por supuesto, si el drama se produce, la retórica del diálogo tendrá un regusto cínico y ventajista. Ni placebo será. El drama catalán no repercutirá menos en España.

Cuando las fuerzas no son claras, plantear la batalla en términos de vida o muerte puede ser un deseo comprensible del corazón, pero es sorprendente que se haya convertido en la única estrategia. Los clásicos consideraban el delirio como una expresión más de la lucidez: hay que saber administrarlo, sugerían. Pero no adelantemos acontecimientos, tal vez quien está delirando es este comentarista. En una de sus novelas más divertidas (Henderson, el rey de la lluvia; Debolsillo), Saul Bellow sostiene que “en la época de la locura, creerse libre de la locura es una forma de locura”.

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