Agitación y propaganda, Rafael Jorba, La Vanguardia, 24.03.17

Agitación y propaganda

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 23.03.17

En el debate sobre el proceso se aprovecha todo, como en el cerdo. Más que a un diálogo asistimos a un monólogo: democracia formal frente a democracia ritual, y ausencia de democracia consensual. Dos relatos paralelos en espera del anunciado choque de trenes. Una batalla simbólica en la que la agitación y la propaganda desplazan la información. Incluso las decisiones de terceros son leídas de manera bien distinta. Pondré dos ejemplos: el supuesto varapalo de la Comisión de Venecia –un órgano consultivo del Consejo de Europa– a la reforma de ley orgánica del Tribunal Constitucional y la inédita apelación al diálogo que hizo Francisco Pérez de los Cobos en su despedida como presidente del TC.

Primer ejemplo. Efectivamente, la Comisión de Venecia, integrada por expertos en derecho constitucional, publicó el pasado 13 de marzo un informe sobre la reforma, impulsada por el Gobierno español, para que el TC pudiera dictar medidas para el cumplimiento de sus propias sentencias. Es verdad que en una de sus conclusiones la comisión “no recomienda que se atribuyan estos poderes” al TC, pero también lo es que acto seguido precisa: “De todas maneras, ante la ausencia de estándares comunes europeos en este campo, la introducción de estos poderes no contradice tales estándares”. Sin embargo, sentada la discrepancia procedimental, la primera conclusión (página 14) es taxativa: “La Comisión de Venecia recuerda que las decisiones de los tribunales constitucionales tienen carácter definitivo y obligatorio (…) y han de ser respetadas por todas las instituciones públicas y los individuos (…) Cuando un funcionario ­público rehúsa ejecutar una decisión del Tribunal Constitucional, viola los principios de imperio de la ley, separación de poderes y cooperación leal entre los órganos estatales”.

Segundo ejemplo. El discurso de despedida de Pérez de los Cobos. El presidente del TC repitió en voz alta la doctrina que el Alto Tribunal sentó en la sentencia del 25 de marzo de 2014 sobre la Declaración de soberanía del Parlament (23/I/2013). Reproduzco el considerando b): “La Constitución no aborda ni puede abordar expresamente todos los problemas (…), en particular los derivados de la voluntad de una parte del Estado de alterar su estatus jurídico. Los problemas de esa índole no pueden ser resueltos por este Tribunal (…) Por ello, los poderes públicos y muy especialmente los poderes territoriales que conforman nuestro Estado autonómico son quienes están llamados a resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas que se desenvuelven en este ámbito”. Considerando c): “La primacía de la Constitución no debe confundirse con una exigencia de adhesión positiva a la norma fundamental, porque en nuestro ordenamiento constitucional no tiene cabida un modelo de ‘democracia militante’ (…) Este Tribunal ha reconocido que tienen cabida (…) cuantas ideas puedan defenderse y que ‘no existe un núcleo normativo inaccesible a los procedimientos de reforma constitucional’”.

He aquí el varapalo de la Comisión de Venecia; también la inédita posición del presidente del TC. Nada nuevo bajo el sol.

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