Un parte amistoso, Rafael Jorba, La Vanguardia, 7.04.17

Un parte amistoso

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 7.04.17

El choque de trenes se acerca. No hay operación diálogo que lo remedie. El president Puigdemont y sus socios de JxSí y la CUP han puesto en marcha la desconexión exprés. Paralelamente, desde el Gobierno central, se responde a cada paso adelante del bloque procesista con un recurso suspensivo ante el Tribunal Constitucional. No hay margen de maniobra para el acuerdo. Se han perdido incluso las formas: la conferencia de Puigdemont en la Universidad de Harvard marca un punto de no retorno. El presidente de la Generalitat –el representante ordinario del Estado en Catalunya– no sólo presentó a España como un país atrasado y autoritario, sino que equiparó la democracia española con la turca de Erdogan: “Tiene una Constitución que autoriza al ejército a actuar contra sus propios ciudadanos, algo que sólo aparece en otra Constitución en Europa: la de Turquía”.

El president está en su derecho de hacer esta analogía y de ­presentar la apuesta independentista como una lucha de Catalunya “por sus derechos civiles”. Pero más allá de la cuestión de fondo, en la que cada ciudadano tendrá su propio criterio, el ­problema está en que Puig­demont ha roto el deber de reserva que todo ­representante de un Estado ­democrático debe mantener de puertas afuera: no sólo utilizó la tribuna de Harvard para explicar su hoja de ruta, sino que la aprovechó también para dañar la imagen exterior de España. Es difícil, por no decir imposible, que en este contexto exista margen para el diálogo.

Sin embargo, más temprano que tarde el diálogo se abrirá ­camino, pero antes deberemos asistir al anunciado choque de trenes para poder calibrar el alcance de la colisión. (Un choque de trenes, dicho sea entre paréntesis, en el que cada parte debe evaluar si está al frente de un convoy de mercancías o de un tren de cercanías.) Mientras tanto, ­sería deseable que los fontaneros de la Moncloa y el Palau de la Generalitat mantuvieran una línea de encuentro para pactar al menos la magnitud de la colisión, es decir, para acordar una especie de parte amistoso previo del siniestro. Una declaración que intentase rebajar al mínimo el margen de siniestralidad política, que acotase el alcance de las sanciones penales y, sobre todo, que intentara evitar los daños colaterales o daños a terceros.

Es difícil que Puigdemont, que llegó al cargo con el traje a medida que le diseñó Mas, pueda impulsar esta declaración amistosa. Ya ha dicho que no se presentará a la reelección y que su cometido no es otro que el del referéndum sí o sí. Es la manera que ha elegido de pasar a la historia. Sin embargo, son los políticos que quieren seguir haciendo historia, como es el caso de Oriol Junqueras, los que están llamados a acotar el alcance de la colisión. El problema está en que el freno de seguridad –disolver el Parlament y con­vocar elecciones– sólo lo puede activar el president Puigdemont. Entre tanto, unos y otros, así en Barcelona como en Madrid, deberían saber que cuando todo se derrumba quedan las buenas maneras. Ojalá que no se pierdan.

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