Espejismo francés, Rafael Jorba, La Vanguardia, 28.04.17

Espejismo francés

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 28.04.17

Analistas y políticos, elección tras elección, sacan conclusiones en clave española. Este es el caso de la primera vuelta de las presidenciales francesas. Una lectura precipitada de sus resultados puede convertir el espejo francés en espejismo: extrapolar las presidenciales –un candidato ante el escrutinio de los franceses– al terreno partidista. En la segunda vuelta del 7 de mayo sabremos quién será el nuevo presidente, pero habrá que esperar a la tercera vuelta –las legislativas del 11 y del 18 de junio– para saber de qué mayoría gozará. No es descartable, ­como explicaba Lluís Uría en este diario, que nos encaminemos hacia una cuarta cohabitación, es decir, un presidente y un primer ministro de distinto signo político. Fue ya el caso de Mitterrand-Chirac (1986-1988), de Mitterrand-Balladur (1993-1995) y de Chirac-Jospin (1997-2002).

Entre tanto, los hechos. Primero: el resultado del 23 de abril del 2017 representa para la derecha lo que el 21 de abril del 2002 representó para el PS: por primera vez su candidato no pasó a la segunda vuelta. Jospin tiró entonces la toalla y Fillon lo ha hecho ahora. Segundo: el candidato socialista queda fuera de juego, pero el pésimo resultado de Hamon (6,4%) no es equiparable al de Jospin en el 2002 (16,2%), ­sino que se acerca al de Defferre –de la vieja SFIO– en 1969 (5%). Tercero: Mélenchon, ­veterano exministro socialista, lidera la ­izquierda insumisa (19,6%). Cuarto: la familia Le Pen ­llega de nuevo a una segunda vuelta, pero no por accidente. Si en el 2002 el padre pasó a la ­segunda vuelta por seis décimas frente a ­Jospin (16,86%-16,18%), quince años después la hija ha normalizado el voto del FN (21,3%). Ya no encabeza un partido de estética neonazi, sino una fuerza del neopopulismo emergente en Europa: “Pues sí, yo soy la candidata del pueblo”.

Quinto hecho: Emmanuel Macron, exministro de Economía del presidente Hollande, ha sido el vencedor (24%). Pese a pertenecer al establishment (al alza de las bolsas me remito), su principal mérito es no haber sido nunca un cargo político electo, algo insólito en Francia. ¿Quién es Macron? Personalmente, una mezcla de Carlos Solchaga (socialdemocracia) y ­Albert Ribera (un toque de adanismo liberal). Políticamente, un totum revolutum: le apoyan Robert Hue (excomunista), Cohn-Bendit (el Dany el Rojo del Mayo francés), los viejos ­mitterrandistas (Bergé, Attali), el ala social­demócrata del PS (Valls, Le Drian, Delanoë), exministros de centro (el democristiano Bayrou) y hasta un ex primer ministro de derechas (Villepin). ¿Cómo gobernará? Lo sabremos en la tercera vuelta, es decir, en las legislativas de junio, pero es harto difícil que ¡En Marcha! –el movimiento que impulsa– logre la mayoría ­absoluta.

Entre tanto, una de sus frases: “Deseo ser el presidente de los patriotas frente a los nacionalistas”. Nada nuevo en el Hexágono. Lo escribió ya Régis Debray en 1998: “El nacionalista cree que su nación es superior a las otras; el patriota la considera tan sólo diferente, pese a que la sueña ejemplar”. Y un dato en clave catalana: en la llamada Catalunya Nord se impuso el soberanismo de derechas (Le Pen, con un 30%) y de izquierdas (Mélenchon, con un 21%): “Adéu Rosselló, adéu Perpinyà! Adéu terres i adéu germà!”.

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