El parto de los montes, Rafael Jorba, La Vanguardia, 2.06.17

El parto de los montes

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 2.06.17

Las cumbres de la OTAN y del G-7 han puesto al descubierto la fosa abierta entre la UE y Estados Unidos con la elección de Trump. La canciller Merkel lo resumió así el domingo: “Los tiempos en los que podíamos contar completamente con otros quedan un poco lejos. Nosotros, los europeos, tenemos que tomar nuestro destino en nuestras propias manos”. Con los ecos de este llamamiento a la responsabilidad de Europa, me llegaba por TV3 otra noticia de alcance: Carles Puigdemont convocaba con urgencia una cimera (“cumbre” en catalán) el lunes por la tarde en Palau sobre la fecha y la pregunta del referéndum. El president recogía así el guante lanzado el sábado, en forma de ultimátum, por las entidades soberanistas.

Otra cimera (“Reunión de altos dignatarios”, según el DIEC), otra “jornada histórica” desde que en otoño del 2012 Artur Mas convocó elecciones anticipadas para lograr una “mayoría excepcional” (CDC pasó de 62 a 50 escaños). Sin embargo, el resultado de la reunión, como resumió mi admirado Iu Forn, fue este: “Una cumbre para decidir que ya decidirán ­decidir”. Es decir, en palabras de Neus Munté, la cimera sirvió ­para “intercambiar opiniones” antes de fijar la fecha y la pregunta en los próximos días/semanas. Más que una cumbre, fue el parto de los montes, aquella fábula de Esopo, que Horacio glosó así: “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” (parirán los montes, nacerá un ridículo ratón). El hecho más relevante fue la ausencia de Catalunya en Comú.

Entre tanto, desde las filas independentistas, se descalificaba a los ausentes. Marta Rovira, de ERC, trazaba una línea divisoria: “Habrá el bloque de los demócratas y el de los inmovilistas, y con los comunes hemos de encontrarnos en el bloque de los demócratas”. “Al PP y Ciudadanos los puedo tildar de antidemócratas porque dan la espalda al 80% de la población”. Rovira tiene todo el derecho de defender el referéndum sí o sí, pero no el de descalificar a los que discrepan. Otra política de izquierdas, Rosa Luxemburg, dejó escrito: “La libertad sólo para los miembros del gobierno, sólo para los miembros del partido, por muy numerosos que sean, no es la libertad. La libertad es siempre la libertad del que piensa diferente”. Y está en su derecho Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, de decir, como hizo el ­sábado, que “este referéndum es el máximo ejercicio de ex­presión democrática”, pero debería atender también a las razones de los discrepantes, sin necesidad de que le tengan que recordar la historiografía sobre referéndums y plebiscitos.

No todos los que disienten son inmovilistas. Los hay que abogan por un referéndum pactado, al amparo del artículo 92 de la Constitución (era el caso de Rubio Llorente); quienes defienden la primera vía de la reforma constitucional, o aquellos que se inclinan por introducir una disposición adicional sobre Catalunya… Todos comparten, con Vicens Vives, una misma idea: “El juego de la catalanidad es inseparable de un intervencionismo hispánico”. Puede que anden equivocados, pero les asiste el mismo derecho a pregonarlo que la secesión exprés que pregonan los exégetas del proceso.

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