El relato del proceso, Rafael Jorba, La Vanguardia, 9.06.17

El relato del proceso

RAFAEL JORBA
LA VANGUARDIA, 9.06.17

De la anécdota a la categoría. Carles Francino sacó tarjeta roja a TV3 por un spot promocional de la final de la Champions, con la imagen de Sergio Ramos levantando una copa y unos planos de jugadores de la Juve, que ­decía: “Sólo hay once hombres capaces de evitar lo inevitable; once hombres preparados para cambiar el destino y hacer vivir una noche negra al todopoderoso conjunto blanco”. El periodista apuntaba: “Si esto lo hace un diario, una radio, un canal de televisión privados, me parecería igual de nefasto, y de ridículo (…) Sin embargo, TV3 es un medio público, sufragado con los impuestos de los aficionados del Barça, del Madrid, del Espanyol –que son, por este orden, los tres equipos con más seguidores en Catalunya–. Una televisión sufragada con los impuestos de los que votan independencia o no independencia; de mar o de montaña; de ciudad o de pueblo”. ( El Periódico, 2/VI/2017).

El también periodista Toni Soler le replicó con un tuit: “En base a una anécdota estás haciendo la campaña a PP y C’s. Lo siento, pero hoy no estoy contigo. Y te recomiendo que hagas zapping para comparar”. ¿Anécdota o categoría? La pregunta se responde con otras preguntas que Francino dejó en el aire: “¿Es esta la función de un medio público? ¿Es este el clima que necesita el momento actual, el deporte, o lo que no sea deporte?”. Mi respuesta, a partir de la legislación –la ley de la Comunicación Audiovisual de Catalunya– que fija las misiones del servicio público. Transcribo una de ellas: “La promoción activa de la convivencia cívica, el desarrollo plural y democrático de la sociedad, el conocimiento y el respeto a las diferentes opciones y manifestaciones políticas, sociales, lingüísticas, culturales y religiosas presentes en el territorio de Catalunya (…) Es necesario el uso de todos los lenguajes, formatos y discursos que permitan (…) el diálogo, la comprensión y la cohesión entre las diversas opciones, y entre las diversas áreas del territorio”.

Es evidente que el spot en cuestión vulnera la misión de servicio público que fija ­esta ley del Parlament, pero refleja también una cuestión de fondo: el relato responde más al modelo de una televisión nacionalista que al de una televisión nacional, es decir, que refleje la pluralidad de la sociedad catalana. Lo escribí antes de que se pusiera en marcha el proceso ( La mirada del otro. RBA, 2011), y lo reproduzco ahora al pie de la letra para no utilizar un argumentario ad hoc: “No me he cansado de expresar, en público y en privado, mi desacuerdo con una cosmovisión y un universo simbólico, del que es paradigma Televisió de Catalunya, que colonizan transversalmente su programación, desde los informativos hasta la ficción pasando por los deportes, y que impregna también su lenguaje (…) Una televisión pública –y esa reflexión vale también para TVE– debe utilizar un gran angular para proyectar la pluralidad social, cultural, lingüística, territorial, religiosa… de la ciudadanía a la que sirve”.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Si hemos llegado hasta aquí, ha sido gracias al concurso, por activa o por pasiva, de notables sectores de la intelectualidad y de la academia de Catalunya. También de los medios.

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