La maldita tercera vía, Fèlix Riera, la Vanguardia, 11.07.17

La maldita tercera vía

FÈLIX RIERA
LA VANGUARDIA, 11.07.17

Contra la opinión de los que piensan que la tercera vía es un acto de debilidad y ventajista, habría que señalar que todo esfuerzo por avanzar se acaba concretando en una tercera vía, sobre todo después de advertir la debilidad de las garantías desvelada por el Gobierno de la Generalitat para dar sentido al anuncio del referéndum del 1 de octubre. Diría más. Toda la política catalana está sometida, como si fuera una maldición para algunos, a la lógica implacable del diálogo y los acuerdos. La tercera vía no es un espacio político en sí mismo; es una actitud de estar en política desde los propios partidos y más allá de ellos. Busca dotar de continuidad a aquello que es positivo para la sociedad y propiciar las reformas necesarias en aquellas cuestiones que deben ser transformadas. En esta misma dirección, una buena parte de la política catalana sabe que lo correcto ha sido, es y será la equidistancia con los extremos. Los que creen que la tercera vía tiende por naturaleza a mantener el statu quo deberían observar que una parte de las acciones del Gobierno de la Generalitat se nutren de la favorable lógica moderadora de intentar avanzar por la vía de los acuerdos. Veamos algunos ejemplos: la acertada solicitud del vicepresidente Oriol Junqueras de soli­citar al FLA rescatar el Eix Transversal, una medida que ahorraría a las arcas ­públicas 700 millones; o la petición de ­traer a Barcelona la Agencia Europea del Medicamento.

En un momento de máxima presión política y social, se trata de vislumbrar en la tercera vía un modelo para la acción ­­po­lítica capaz de completar el mapa político catalán que permita evitar la política de los no acuerdos y la lógica de victoria a la hora de tratar los asuntos de los catalanes. En un momento en que en Europa se ­revisan los logros de los extremos políticos y se constata que todas las revoluciones im­pulsadas sólo alcanzan a recorrer la mi- tad del trayecto planteado, se revela como necesaria la necesidad de establecer nuevas vías políticas que puedan reparar y consolidar los avances conseguidos por la sociedad.

En Catalunya son muchos los que maldicen la tercera vía, pero cada vez son más los que piensan que, sin ella, no será posible concretar ninguna solución que garantice crear el clima propicio para que los extremos se moderen y lleguen a acuerdos.

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